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Edgar Neville Romrée

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1.983 José López Rubio retrata a Edgar Neville
(Historia de una amistad con Hollywood de por medio)

Supimos de su abuelo más que de su bisabuelo castellano, el de Berlanga de Duero, el señor Palacio, que hizo fortuna y engendró nobleza. Que hizo fortuna para que, como para siempre, alguien haya de darle aire, para que no se esté quieta en un sitio, para que se la lleve el viento del derroche con mucha más prisa que se dio en amasarla.
   Del abuelo, escribió en sus Memorias el marqués de Valdeiglesias -"Mascarilla", al pie de sus  crónicas del gran mundo-. Del abuelo, que tantas herencias dejó a Edgar, salvo las pecuniarias.
   Oigamos al marqués que conoció bien el paño:
   "El Conde de Romrée, don Carlos de Romrée fue oficial de Caballería. Su carácter alegre, su charla ingeniosa y su generosidad, concurrían para atraerse las simpatías de los que le trataban. Si hubiera escrito sus memorias, algunos capítulos de su accidentada vida podrían competir con los Casanova.
   Encontrándose su Regimiento destacado en Vicálvaro, se hizo construir un cochecillo para venir a
Madrid, empleando en el tiro cuatro perros, a los que amaestró perfectamente.
   Deportista y entusiasta de todo lo nuevo, fue uno de los primeros que trajo de París biciclós. Montado en aquella alta maquinaria compuesta de una rueda grande y otra muy pequeña, se le veía por Madrid llamando la atención."
   Aquí, a más de otros detalles,podemos componer el abuelo perfecto para producir el nieto correspondiente. Las mujeres, los perros, la buena cocina, los deportes... Y el ingenio, por supuesto.
   Neville no montó ningún biciclo de aquellos, pero sí condujo bicicletas, motocicletas, automóviles y
embarcaciones de motor. Llegó demasiado pronto para el planeador y tarde para el globo. Fue buen jinete, buen nadador y excelente esquiador. Jugó al fútbol, golf, tenis y fue internacional de hockey  sobre hielo.
   Madrileño, a pesar de sus muchos apellidos extranjeros, nació señorito y tuvo para su infancia cuanto podrá dar la "belle époque", que era mucho.
  Estuvo a punto de ser seriamente tuberculoso, quizá lo único serio que estuvo a punto de ser en su vida. Su familia lo llevó a Suiza, donde pasó algunas temporadas. Aún no se habían descubierto, o no eran elegantes, el Pirineo o el Guadarrama.
   Quiso probarlo todo en la vida, pronto y con ansiedad, quizá por haber tenido el temor de perderla joven. Se privó de muy pocas cosas y, en el fondo, de las que se privaba fue porque no le interesaron. (El abuelo aquél que había despilfarrado su  fortuna, dio aire también al dinero que dejó el mister Neville, ingeniero inglés, que vino a trabajos de no sé qué empresa británica, se casó con la señorita de Romrée, más tarde condesa de Berlanga, y se murió poco después de haber contribuido al nacimiento de esta criatura singular.)
Estudió en buenos colegios mucho por Madrid, que es buena escuela para componer un tipo mezcla tan madrileña de golfo aristócrata. Iba dispuesto a todo que nada le detuviera. Si algo (todo no resultaba, sabía resignarse prontamente y tomar otro camino, igual vehemencia.

   Escribió en 1917 una obrita "en medio acto", según rezaba; carteles, titulada La Vía Láctea el Teatro en que se representó y por su primera figura, una es de la canción atrevida, "Chelito nombre de mucha guerra, cuya especialidad más notoria era la buscarse por entre la ropa interior, a la ......
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