Grancanariaweb.

Edgar Neville Romrée

Website oficial

Neville Diplomatico, por Inocencio F. Arias

 

Neville fue un diplomático " atípico por madrileño. No quiero esto decir que su peculiaridad estriba en que hubiese crecido en Madrid. Al contrario, esa sería casi la regla; hace aún unos 12 años más dela mitad de los miembros de nuestra Carrera diplomática habían nacido o se habían formado en Madrid. La singularidad de nuestro escritor es que fue un diplomático de le madriles, es decir que se esforzó en pasar toda su vida profesional en la villa y corte huyendo así sistemáticamente de los destinos en el extranjero. Dado que la normativa y la práctica del Ministerio de Asuntos Exteriores imponen a los diplomáticos el salir intermitentemente al exterior (el diplomático medio español pasa dos tercios de su vida profesional en puestos en ciudades extranjeras), Neville tuvo que usar todos los recursos de la imaginación y de la legalidad del momento para poder permanecer en Madrid. El más socorrido solicitar, por razones familiares, la delicada salud de su madre, el atender a determinados asuntos, la excedencia voluntaria. Utilizó el procedimiento en unas siete ocasiones a lo largo de su carrera, 1929, 1932, 1940, 1942, 1952, 1955. En los diversos momentos en que le fue ofrecido un destino en el extranjero (Porto Alegre, Quito, Tokio, Santiago de Cuba), o en aquellos en que fue incluso nombrado para un determinado puesto (Caracas, Estocolmo, La Plata, Sydney) su reacción era, grosso modo, la siguiente: "...me es imposible aceptarlo por muchas razones. Una de ellas porque mi madre está muy enferma y expuesta a darme un susto grande uno de estos meses y no tiene a nadie más que a mí para estar cerca de ella. Las otras razones son el estar demasiado ligado a la vida literaria y artística de Madrid para poder irme sin quebranto" (carta al Marqués de Santa Cruz, Subsecretario de Exteriores, 26 de junio de 1955).    El hecho es que Don Edgardo Neville sólo hizo tres puestos en el exterior y enormemente fugaces. Diecisiete meses en Washington (Dic. 1927 a mayo 1929), destino en el que, al menos en su primera parte, viviría de sus rentas dado que la práctica de la época era que los diplomáticos no cobraban en los tres años iniciales, pero en el que pudo trasladarse a Los Ángeles y trabajar allí, como se sabe; seis meses en Uxda (1934) y dos meses en Londres (inicio de la guerra civil).    Su permanencia en el servicio activo en Madrid, en ese guadiana de entradas y salidas de la profesión, también fueron breves. La más larga de ellas, su reingreso el 31 de diciembre de  1948, con un sueldo anual de 14.400 pesetas, duró hasta el  de mayo de 1952. Neville fue un brillante, ingenioso y polifacético intelecto y, por lo tanto, desde muchos puntos de vista, un lujo para la Carrera. Eso, al parecer, y no es critica, no lo convertía en un esforzado burócrata. Una carta de diciembre del 38 de un compañero que había intercedido por él para obtener un permiso le indica ...el Subsecretario, para normalizar tu situación en lo tocante a la asistencia, quería que "llamase tu atención para que pongas el mayor interés en el servicio que se te encomiende mostrando la mayor diligencia y celo, con una asiduidad intachable". El propio Neville en el pliego de descargos, del expediente político que le incoó el Bando Nacional en 1937 señal "Sé que algunos compañeros me tachan de mal oficinista depende del departamento por el que he pasado ... en los de Política y Cifra ... he trabajado con el mayor entusiasmo y puntualidad ... puede que como burócrata haya sido inferior : muchos compañeros, pero creo ser un buen diplomático..."     Más interés revisten las vicisitudes políticas de Neville con los bandos republicano y nacional durante nuestra guerra civil .El diplomático fue expulsado de la Carrera por el gobierno de la República al trascender sus contactos con el bando franquista: (Decreto de 31 de diciembre de 1936, fechado en Valencia).    Ello no le libró, sin embargo, de ser depurado por al Junta nacionalista de Burgos (por 3 votos contra 2). Su afiliación en los treinta a la Izquierda Republicana de Azaña, la vaga acusación, que parece sin el menor fundamento, de que había "contribuido activamente en el proyecto de Pacto de Alianza Militar contra Rusia" (Nota confidencial de la Dirección General de Seguridad al término de la guerra), le acarrearon un expediente de depuración y cuando Neville, movilizando a Roma con Santiago, organizó su defensa, una separación temporal del servicio. El escritor apeló, en primer lugar, al testimonio de intelectuales y políticos
 inequívocamente afectos al régimen: "Puedo certificar que aceptaste el  puesto de Londres (Embajada Repu-

 blicana) con la intención de laborar por España y boicotear a los marxistas" (Agustín de Foxá, Mayo de 1937).

    "Le informo que con fecha de 3 de septiembre de 1936, usted se ofreció a la Junta de Defensa Nacional de

 Burgos" (José de Yanguas Messia carta autógrafa de 3 de mayo de  1937). "...me alegró por la hidalguía y el

 patriotismo de tu conducta, tú sales de ella con la cabeza erguida". (Eugenio Montes, carta autógrafa. Lisboa,

 22 de abril de 1937).

   Redactó el mismo, en su defensa, sendas Declaraciones juradas, (14 de febrero y 8 de mayo de 1938) que

 constituyen unos testimonios interesadísimos de su actividad como quintacolumnista al servicio del bando

nacional y de sus trabajos propagandísticos una vez que se une a el.

Son así mismo, reveladores de los extremos a que acudió Neville para reivindicarse y lavar su "mancha"

de la pertenencia a Izquierda Republicana.

   Arranca afirmando que se había "dejado afiliar en Izquierda Republicana en un momento de insensatez".  Su  distanciamiento  de  la CEDA y de Gil Robles, le habían hecho "creer de manera ingenua que Azaña era capaz de imponer una política republicana constructiva y totalmente alejada del marxismo". La formación del Frente Popular y,

sobre todo, "el asesinato de Calvo Sotelo -vi en suma mi error, arrepintiéndome de él- determinó mi total reacción intentando  en esos días afiliarme a Falange Española" (apunte de los testimonios de Foxá y de María de la Mora).

   Sigue narrando Neville que en esos días del trágico verano del 36 no sólo ocultó en su casa y en el último piso del Ministerio a perseguidos de los republicanos sino que "hacía correr noticias interesantes, desde el punto de vista nacionalista, que terminaban en una Embajada de país amigo".    Habiendo logrado su traslado a la Embajada en Londres en septiembre del 36, desarrolló, sigue su declaración, una actividad de espiónaje y quintacolumnista al servicio del lado nacional, que, si es fidedigna, resulta curioso que se cuestionase su fidelidad al franquismo: "No hubo una noticia de interés, un encargo de armas, un agente secreto de Madrid que pasase por la Embajada que

no lo supiera, inmediatamente, la representación de Burgos". Neville "reventaría" así varias operaciones de apoyo militar a la República: sugirió que la prensa de Burgos publicase el bulo de que se habían  derribado  dos aviones republicanos con aviadores británicos. La alarma creada en Gran Bretaña trajo a la Embajada a todos los familiares

de los pilotos reclutados.Con lo que Neville pudo enviar la lista completa al Hotel Dorchester (sede de la repre-

sentación oficiosa nacionalista) y la Junta de Burgos, a su vez, rasgándose las vestiduras, difundir que Londres violaba el pacto de no intervención.

    También abortaría, "entrando de madrugada, como un ladrón en el despacho del Encargado de negocios (su jefe en la Embajada) y apoderándose de una lista comprometedora, una operación de venta camuflada de once aviones a la República a través de la "Federation des Sports" de Francia. Desde el sur del país galo, los aviones habrían sido trasladados a  Barcelona burlando el embargo de armas practicado oficialmente por las democracias de la época.

    Las  peripecias  de Edgar Neville como Pimpinela   Escarlata   en Madrid, ocultó y trasladó de residencia en su vehículo a diversas familias en peligro, y de espía Ciceron en la Legación en Londres (da cuenta de otras operaciones como el neutralizar,   actuando  con estudiada visibilidad y torpeza, el envío de un importante cargamento de

explosivos al gobierno republicano o el informar de la llegada a Ámsterdam  de dos barcos, el Icíar y el Saturno para cargar clandestinamente armas también para el gobierno de Madrid) podrían haber servido como  material para su ágil pluma de guionista. El diplomático completó sus servicios a la causa nacionalista ofreciéndose voluntario para

ir al frente y, cuando se le dio largas por su edad, 37 años, consiguió enrolarse en la Compañía de Propaganda pasando varios meses en el Frente de Madrid, Ciudad Universitaria, Carabanchel, etcétera.

    La depuración, como he apuntado, llegaría, con todo Neville luchó denodadamente para demostrar la pureza

 su trayectoria y de su ideología: "no ha entrado nunca en  vida el disimulo ni la hipocresía; mis errores han sido ejecu tados a la luz del día, pues en aquel momento no los consideraba errores"  (Declaración jurada, 8 de mayo del 38). Un Tribunal seleccionador de la Carrera Diplomática le daría satisfacción, sólo parcial, mismo año 38: Neville dice el fallo, mano; siempre  "tanto en ambiente político como en el intelectual, relaciones con personas y agrupaciones directamente responsables de haber sumido a España en caótica situación precursora del Movimiento". Sería merecedor de una sanción grave "pero entiende atenúan aquella falta la decisión y entusias: con que, asqueado y contrito, ha procurado colaborar en intereses de la Causa". El Tribunal entiende que la atenúa no es suficiente para que se beneficie con la admisión directa y "resuelve, por unanimidad declararlo admitido en conceto de disponible".

   Con ello, Neville borraba su baldón aunque no lograba restitución plena de sus derechos. En octubre de 1941

y cuando ya había sido admitido directamente al servício activo (12 de julio de 1940), Neville dirigiría una circunstan

instancia en la que reclamaba 6,041 pesetas equivalentes al terció de su sueldo que se le había retenido por estar en situacion de disponible.  Anteriormente ha solicitado recuperar sitio en el escalafón; compañeros, "limpios" expediente,  lo habian rebasado.

   Edgardo de Neville Romrée, Conde de Berlanga de Duero, ha ingresado en la Carrera diplomática el 29 de junio

de 1924 con el número 34. La anecdota mas divulgada que se le atribuye a veces en la mitologia diplomatica de andar por casa (¿Donde esta Tegucigalpa?) puede que sea apocrifa toda vez que nunca fue destinado a esa capital. O pertenezca al anecdotario del también brillante muy ocurrente Foxá con el que, a menudo, se le confunde Neville no hizo verdaderamente carrera (en la diplomacia obviamente). Posiblemente porque, por su vocación artística y su enraizamiento, y el de Conchita, en el universo cultural Madrid, nunca se lo propuso seriamente.
REGRESAR   caninter@hotmail.com


© 1999-2.015grancanariaweb