Grancanariaweb.

Edgar Neville Romrée

Website oficial

Hollywood y sus primeras peliculas

De la extensa y excelente entrevista hecha por Marino Gómez Santos y que aparece en el libro Doce hombres de
Letras, recogemos aquí los aspectos que se refieren a la primera etapa cinematográfica de Edgar Neville.
Carlos Fernández Cuenca

Neville en 1.917

  Frente de Madrid se había publicado en Italia en la mejor revista literaria de entonces, en la Nuova Antología, y pocos días antes de terminar la campaña, Neville recibió un telegrama de Bassoli Films, llamándole a Roma para tratar de su compra y adaptación al cine.

Asi fue que a primeros de abril del treinta y nueve llegué a Roma, donde los Bassoli me habían preparado un espléndido departamento en el Albergo di Russia, con una terraza sobre los jardines del Pincio. Después de los montes del Toro y de Brúñete, aquello era el Paraíso. Yo no tenía idea del precio que podía pedir por mi obra, así es que me hice un lío, los Bassoli otro y me ofrecieron quince veces más de lo que pedía. Eso se lo debo al no saber todavía el italiano y pretender hablarles en su idioma ayudándome del valenciano, que hablaba bastante bien. Ya en racha de suerte, les pedí a los Bassoli que viniera a ayudarme en mi trabajo la que aún no era Conchita Montes, y aquel mismo día se le puso un telegrama.

Los Bassoli querían hacer la película contando con elementos auténticos, con los compañeros de Edgar Neville en la campaña, y sobre todo buscaban una protagonista femenina que fuera extranjera, pues estaban hartos de la autarquía del fascismo. Y en eso llegó Conchita, y los Bassoli, que habían ido a recibirla, antes de salir del aeródromo, habían decidido que fuera ella la protagonista.

 Conchita, que había terminado su carrera de Derecho y queria prepararse para la diplomática, no había pensado jamás en semejante cosa; pero cuando yo le propuse si quería ser actriz, se echó a reír y dijo: "¿Por qué no?".

Seguía la racha para Edgar Neville. Una productora italiana que se había metido a hacer Santa Rogelio andaba en un lío de dirección y no arrancaba, teniendo ya viviendo en Roma y corriendo los sueldos a unos actores españoles como Rivelles, Rafael Calvo, la franco-española Germana Montero y algunos otros que Neville no recuerda.

 Me llamaron y me ofrecieron la dirección y sólo les pedí para ello el que me dejaran revisar el guión, pues cuando hay lío en el rodaje es generalmente porque el guión no está correctamente hecho. Y, en efecto, así era. A Santa Rogelia le sobraban trescientos planos, con los cuales hubiera sido aún más pesada de lo que requería la novela. Me metí en el hotel ocho días y ocho noches seguidas y me rehice el trabajo. Después de pedir permiso a los Bassoli, dirigí la película, dedicando las noches al guión Frente de Madrid. Hice la película y volví a España para contratar el reparto. Encontré una serie de compañeros del frente sin nada que hacer y les propuse ir a Roma. También se lo dije a otros amigos, como al inolvidable Joaquín Soriano. Sólo encontré a uno realmente ocupado, al mando de un periódico, y por ello no le dije nada. Fue un error que pagué caro, pues desencadenó una ofensiva más o menos sorda contra mí, que me perjudicó bastante, porque le secundaron los más viles tiralevitas de su alrededor.

¿Y qué ocurrió, al fin con Frente de Madrid?

Pues que la hice lleno del entusiasmo que teníamos todos en abril del treinta y nueve y la traje a Madrid con la mayor ingenuidad y comencé a encontrar tropiezos, pegas, a tener que cortar esto y aquello y a descubrir que la vida en el frente no era, por lo visto, como la recordábamos los que la habíamos vivido, sino como querían que fuese gentes que no se habían asomado a él. Se estrenó, sin embargo, y tuvo mucho éxito. Algunos críticos no
regatearon del todo mis méritos. Pero afortunadamente fue un éxito de Conchita, que sin oficio ni experiencia realizó una buenísima interpretación. A poco volví a Roma a realizar Santa María, un espantoso folletín que aquí se llamó La muchacha de Moscú, con Conchita y Nazari al frente del reparto, y me encontré con un productor que tenía gustos de tenor del siglo pasado. Nunca he trabajado con un tipo tan totalmente diferente a mí. Pretendía que los actores actuaran dando gritos, llevándose la mano al corazón...

Neville hace una rápida imitación de aquel productor italiano.

Todos los lunes empezaba la sesión mandándole a cierto sitio y, a veces, entre semana. Con ello, la película no se terminaba nunca y yo ya estaba harto de la maravillosa Roma, que me parecía más eterna que nunca. Yo no sé si fue esa la causa, pero Hitler se empeñó en ocupar Danzing y comenzó esa guerra de la que tanto se ha hablado. Yo, que tenía encima los tres años de la nuestra, estaba decidido a no volver a soportar todas las privaciones que siempre
acarrean y, tan pronto como pude, volví a Madrid.

¿Cuál ha sido tu mejor obra?

 Conchita, sin duda. En diez o doce películas la fui cuidando, criticando y modelando, hasta que luego el teatro redondeó la obra. También allí le di ocasión de crear unos personajes que fueron, posiblemente, definitivos en su profesión. Pero, claro, todo esto no hubiera sido posible sin su inteligencia extraordinaria, su preparación cultural, su afición desmedida, su capacidad de trabajo y su dedicación total a su arte. Todo esto fue mucho más decisivo que mi labor para que fuera la extraordinaria actriz que ha llegado a ser. Ahora ya no me necesita para nada. Puede volar con sus propias alas mientras yo la admiro desde el patio de butacas.

Neville trae el álbum donde tiene fotografías y recortes de prensa que corresponden a la posguerra. Ello le sirve de recordatorio para continuar el relato.

 En la primera década de la posguerra, que se podía llamar muy bien la época de las animadoras, yo trabajé sin parar. Unas películas me las pagaron, otras no, y en alguna se me escapó el productor a la Argentina, dejándome una suma cuantiosa de deudas, que yo incautamente había avalado. Algunos, por el afán de no pagarme, tuvieron la avillantez de morirse. Y otro extranjero me hizo también alguna faena de bigote. Todo ello por inconsciencia mía, por defecto de creer que todo el mundo es decente y cumplidor.

 Con o sin catástrofes, Edgar Neville siguió viviendo con el nivel de vida que siempre ha tenido.

REGRESAR   caninter@hotmail.com

© 1999-2.015grancanariaweb