EDGAR NEVILLE: EL PRIMER DIRECTOR ESPAÑOL DE CULTO

por José Antonio López

Edgar Neville: el primer director español de culto

Los años 40 constituyen una de las épocas más desconocidas por el público actual, y también más infravaloradas, del cine español. La producción de ese período, en la que predominan las epopeyas históricas de exaltación de la patria o las películas folclóricas, se ha considerado durante mucho tiempo acartonada y rancia, no solo a nivel narrativo sino político, por haber sido afín a la dictadura franquista y haber servido más o menos como vehículo transmisor de los principios del Régimen. Hoy en día debería haber pasado el suficiente tiempo para juzgar con una mirada más neutra la obra de directores como Juan de Orduña, José Luis Saenz de Heredia o Rafael Gil y reconocer su sentido comercial y su contribución a la era dorada del cine español en el ámbito industrial.

Víctima del olvido al que se ha condenado a todo el cine del franquismo anterior a Berlanga y Bardem, la figura de Edgar Neville ha ido revalorizándose con el paso del tiempo entre los cinéfilos. Sin embargo, probablemente todavía no disfrute del culto que merecería por lo insólito y a contracorriente de sus películas, entre las que no falta un interesantísimo y curioso acercamiento del cine español al siempre poco frecuentado género fantástico.

Biografía

Pese a la apariencia extranjera de su nombre, Edgar Neville nació en Madrid en 1899 en el seno de una familia aristocrática. Hombre vital por encima de todo, alternó sus estudios universitarios y su posterior carrera diplomática con los ambientes intelectuales de la época, no sólo en España sino más adelante en Los Angeles, donde vivió en calidad de cónsul. Fue en California donde le picó el gusanillo del cine; eran los comienzos del sonoro y Hollywood solía hacer versiones en español de sus películas para el mercado hispanohablante; aprovechando su experiencia como escritor -había publicado un libro de cuentos y una novela, y estrenado una pequeña obra de teatro-, Neville trabajó hacia el año 1930 como dialoguista en varias de estas películas, como El presidio (cuya versión americana era The Big House) y La fruta amarga (versión de Maid and Bill).

De vuelta en España, se encuentra con una cinematografía en situación muy precaria desde el punto de vista industrial; no conseguirá dirigir un largometraje hasta 1935. Se trata de El malvado Carabel, una adaptación de Wenceslao Fernández Flórez que fue un éxito comercial, a pesar de ciertas desavenencias entre él y los productores. Enseguida lleva a cabo su segunda película, La señorita de Trévelez, curiosamente basada en la misma obra en la que veinte años después se inspiró Calle Mayor de Juan Antonio Bardem, un título clave del cine español de los 50. La guerra civil da un giro a la carrera de Neville; alineado con el sector "nacional", lleva a cabo documentales de propaganda durante la contienda. Sin embargo, en la postguerra no cede a las exigencias de la industria cinematográfica de la época y se mantiene apartado de las películas folclóricas y las revisiones históricas de orientación franquista, un tipo de cine muy opuesto a sus preferencias estéticas y narrativas.

Principales películas

 Los años 40 son la época de esplendor del cine de Neville; tras varios cortos y un par de títulos menores, su gusto por el sainete, el costumbrismo castizo y el cine de género cristaliza por primera vez en 1944 con La torre de los siete jorobados, una de las principales obras de culto del cine español y probablemente la mejor película de corte fantástico que se haya hecho nunca en este país. En una historia que se podría clasificar de rocambolesca, un joven (Antonio Casal, una de las estrellas de la época) gana en la ruleta gracias a la ayuda de un fantasma al que solamente él puede ver; enamorado de la hija del fantasma, se esfuerza en salvarla de la conspiración de una extraña secta de delincuentes que opera desde un entramado de laberintos situados bajo las calles de Madrid que parecen salidos de una película del expresionismo alemán.
La trama da una idea de la rareza que supondría esta película en cualquier cinematografía, para más en una tan poco dada a la heterodoxia como la española, pero la magia de La torre de los siete jorobados viene de una atmósfera que mezcla sin problemas lo realista con lo legendario, y que es lo que da coherencia y vida a este "sainete expresionista". Como siempre ocurre en estos casos, el paso del film por las carteleras en su día fue de lo más fugaz y sólo con el tiempo la película se ha ido rescatando del olvido.

A pesar de lo peculiar que resulta La torre de los siete jorobados, incluso en una filmografía tan singular como la de Neville, muchos críticos tienden a englobarla en una trilogía (tal vez, entre otras cosas, porque hoy en día parece imprescindible tener una trilogía para ser un autor de primera fila) con dos de sus películas siguientes, Domingo de carnaval y El crimen de la calle de Bordadores. Las tres tienen en común un escenario de época, una trama con elementos policíacos y el estar ambientadas en las zonas más características de Madrid. Aunque las otras dos películas podrían parecer hasta convencionales al lado de La torre de los siete jorobados, su mérito consiste precisamente en lo perfectamente hilvanada y lo poco chocante que resulta la investigación criminal en medio de un ambiente a la vez muy reconocible y muy novelesco; un tono híbrido entre el cine negro y el costumbrismo que ejemplifica a la perfección el estilo y el talento de su director. Lamentablemente esta trilogía no funcionó en taquilla, seguramente porque nadie ayudó a que funcionara, y Neville empezó a verse obligado a producirse él mismo su cine posterior. A pesar de que han sido principalmente estas tres películas las que han definido la imagen que hoy se tiene de él, otros títulos de la filmografía de Neville, con bastantes puntos en común con estos aunque también muy diferentes, resultan también interesantes.

De hecho, tal vez la obra maestra de este hombre sea una comedia realizada entre La torre de los siete jorobados y Domingo de carnaval: La vida en un hilo es seguramente uno de los más logrados acercamientos del cine español al dificilísimo y sofisticado género de la alta comedia. La sombra de Lubitsch planea claramente sobre una historia agradable de ambiente burgués con un alto grado de ironía y hasta un cierto punto mordaz. Su protagonista, encarnada por Conchita Montes, compañera sentimental de Neville y su musa en muchas de sus películas, se lamenta a la muerte de su marido, de lo insípida que fue su vida con él y echa la culpa al destino de no haberle dado la oportunidad de ser feliz. Sin embargo, una vidente con la que se encuentra le recuerda que ella una vez tuvo la ocasión de elegir entre dos hombres y dos tipos de vida y le muestra lo que hubiera sido su existencia en el caso de elegir al otro pretendiente. De nuevo el elemento sobrenatural desencadena la trama, guiando al protagonista en esta simpática historia donde tampoco el costumbrismo ni por supuesto el humor están ausentes. La película tuvo un infame remake perpetrado por el torpe Gerardo Vera en 1992 con el título de Una mujer bajo la lluvia; Conchita Montes tenía una pequeña intervención como guiño para los cinéfilos y los protagonistas eran Ángela Molina, Imanol Arias y Antonio Banderas, en uno de sus últimos trabajos en el cine español.

En 1947 Neville dirige un título fallido pero de una gran singularidad -otra vez- en el cine español del momento; Nada era la adaptación cinematográfica de una novela de la escritora Carmen Laforet sobre una chica -de nuevo Conchita Montes- que se traslada a casa de sus tíos para estudiar en la universidad y que, bastante confundida, va adentrándose en el mundo de sus extraños familiares y descubriendo sus secretos. Fue seguramente una de las primeras películas del cine español de la posguerra en acercarse a la realidad contemporánea del país, lejos del escapismo tan de moda siempre en el cine comercial pero más todavía en esa época, alusiones a la guerra civil incluidas.

 Una película adulta, con un personaje central femenino bastante alejado del prototipo de mujer promocionado por la España de ese momento, pero que lamentablemente resulta inconexa y profundiza poco en los interesantes temas que propone.

Siempre ecléctico, Neville llevó a cabo también un acercamiento al neorrealismo en 1950 -uno de los años de mayor furor de este cine en todo el mundo- con El último caballo, la historia de un recluta que finalizado el servicio militar no encuentra donde cobijar a su caballo porque los vehículos de motor están arrinconando a los de tracción animal. Como era de esperar, el neorrealismo de Neville es bastante particular, y en la película, aunque hay un evidente interés por mostrar la vida en los barrios populares de Madrid, el idealismo y la utopía individual predominan sobre la conciencia social:  los protagonistas son los tres personajes principales y no el pueblo en su conjunto, como en el cine de De Sicca o Rossellini.

Claves de su obra

Neville era profundamente madrileño y muy pocos directores españoles han sabido captar tan bien la tradición castiza y dar a sus películas el sabor del Madrid más eterno. Consiguió combinar un enorme eclecticismo y heterogeneidad de ambientes, tendencias estilísticas y géneros en sus películas, con un claro sello personal que dejó en casi todas ellas. Al mismo tiempo era un enamorado de la literatura que siempre compaginó su carrera como cineasta con la de escritor y dramaturgo; llevó a cabo muchas adaptaciones literarias, algunas de obras propias, y concebía el guión como lo más importante en una película, por encima de la dirección: de hecho, fue guionista de prácticamente todas sus películas, además de productor de muchas de ellas. A juzgar por su obra, las intenciones de Neville parecen ser las de llevar a cabo un cine nada elitista pero de buen gusto, bien escrito, de buena factura industrial y que ofreciera al mismo tiempo un retrato social de tono irónico con una leve crítica no hiriente. Es decir, un cine comercial que no recurriera a la sensiblería, a la sal gruesa ni a la demagogia.

Lamentablemente, estas películas agradables, positivas y que reflejan el amor por la vida que sentía su autor, pocas veces consiguieron el éxito de público que él buscaba y, desde luego, merecía. Es una ironía del destino que Neville ocupe un puesto como autor de culto en el cine español cuando su concepto del séptimo arte se centraba en el cine popular y en retratar el ambiente de las calles. Seguramente los narradores anchos de miras y reacios a los encasillamientos les han quedado siempre grandes a la cinematografía y a la sociedad españolas, y más a las de su época.

Filmografía

1930 Noticiario de cine club, de Ernesto Giménez Caballero. Intervención en declaraciones. (Cortometraje documental).

1930 El presidio (El presidio), de Ward King. USA. Versión española del guión. Dirección de diálogos. Supervisión escénica.

1931 En cada puerto un amor (En cada puerto un amor), de Marcel Silver. USA. Adaptación del guión y diálogos en español.

1931 La fruta amarga (La fruta amarga), de Arthur Gregor. USA. [Según algunas fuentes, Edgar Neville tomó parte en la adaptación del guión].

1931 Luces de la ciudad (City Lights), de Charles Chaplin. USA. Actor.

1932 Yo quiero que me lleven a Hollywood. Director. Guionista.

1934 La traviesa molinera, de Harry d'Abbadie d'Arrast. Dialoguista.

1934 Do, re, mi, fa, sol, la, si, o La vida privada de un tenor. Director. Guionista. (Cortometraje).

1935 Rumbo al Cairo. Guionista.

1935 El malvado Carabel. Director. Co-guionista.

1936 La señorita de Trévelez. Director. Guionista.

1938 La Ciudad Universitaria. Director. Guionista. (Cortometraje documental).

1938 Juventudes de España

 Director. Guionista. (Cortometraje documental).

1939 Vivan los hombres libres. Director. Guionista. (Cortometraje documental).

1939 Santa Rogelia, de Roberto de Ribón. Co-guionista. Supervisión de la dirección.

1939 Frente de Madrid (Frente de Madrid). Italia. Director. Guionista. Autor adaptado.

1940 La muchacha de Moscú (Sancta Maria). Italia. Director de la versión española. Diálogos en español.

1941 Verbena. Director. Guionista. (Cortometraje).

1941 La parrala. Director. Guionista. (Cortometraje).

1942 Correo de Indias. Director. Guionista. Autor adaptado.

1943 Café de París. Director. Guionista.

1944 La torre de los siete jorobados. Director. Co-guionista.

1945 La vida en un hilo. Productor. Director. Guionista.

1945 Domingo de carnaval. Productor. Director. Guionista.

1946 El traje de luces. Director. Guionista.

1946 El crimen de la calle de Bordadores. Director. Guionista.

1947 Nada. Productor. Director. Co-guionista.

1948 El señor Esteve. Director. Guionista.

1948 El Marqués de Salamanca. Director. Guionista.

1950 El último caballo. Productor. Director. Guionista.

1951 Cuento de hadas. Productor. Director. Guionista.

1952 El cerco del diablo. Director del episodio "del tren".

1952 Duende y misterio del flamenco. Productor. Director. Guionista.

1953 Novio a la vista, de Luis García Berlanga. Co-guionista.

1953 Mi noche de bodas (La engañadora), de José Díaz Morales. México. Autor adaptado ("La vida en un hilo").

1954 La ironía del dinero. Director. Guionista. Productor.

1959 El baile. Director. Guionista. Autor adaptado.

1960 Mi calle. Director. Guionista.

1961 Prohibido enamorarse, de José Antonio Nieves Conde. Guionista.

1963 El diablo en vacaciones, de José María Elorrieta. Autor adaptado (obra "Veinte añitos"). Autor de diálogos.

1992 Una mujer bajo la lluvia, de Gerardo Vera. Autor adaptado ("La vida en un hilo").

 

*1990 El tiempo de Neville. Documental sobre la vida y obra de Edgar Neville dirigido por Pedro Carvajal y Javier Castro; cuenta con la intervención de  Conchita Montes, Luis Escobar y otros amigos y colaboradores de Neville.

Publicado originalmente en la página web http://www.pasadizo.com. Reproducido con autorización de autor y los editores.


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