El reencuentro final

a los grandes amores,
y  ¿quién dijo que sólo hay uno en la vida?

Estamos perdidas.
Te miro y no me reconozco.
Quizás sólo conservas esos enormes ojazos negros, negrísimos,
que me miran como escudriñando una conciencia;
la mía, la tuya, la nuestra, los recuerdos, los mismos...

¡Cuántos sueños, anhelos, ingenua vanidad!
Con esos largos cabellos de tierra dorada desteñida
te amarrabas a todos ellos con pasión y amistad,
tan difícil separarlas, por más amarlas
como aquel film, con tanto sexo, pudor y lágrimas...
Cuánto los amamos, a todos ellos, con ilusión y verdad
al menos en el volátil momento de la revelación ya ida.

Tanto dijimos, aseguramos, prometimos
con esos hermosos cojines rosado-terracota
besábamos hasta el tuétano de nuestras vidas
todo lo que sentimos, sin más;
besábamos para echar el alma a volar.
Mas erramos al abrir nuestros corazones
y hacer el amor a la vida, al hola y al adiós, sin más razones:
la amistad, el deseo, la solidaridad, el sentimiento.

Y sigues tan hermosa, que ya no me reconozco en ti.
Ahora los años han marchitado la ingenuidad,
dejando a flor de piel la cruda realidad.
Solas quedamos fumándonos y bebiéndonos la vida
en el abismo del olvido, ¿cuándo llegaré a ti?
Siento que me has abandonado.
Luego de acabar la última copa de vino
un suspiro, una lágrima bajó por tu destino
y lo heló separándolo del mío.

Te miro y no me reconozco,
tantas maravillosas noches etílicas
lactando espíritus destilados.
Deseándote de nuevo,
agarro nuestras pequeñas manos canelas
que el destino nos arrebató en un cerrar
de vidas: la mía, la tuya, la nuestra.
Y dejaré llevar en ti, en mí,
como las lágrimas y velas,
juntas hasta ese fondo con cielo de mármol.

®Ana Maria Fuster Lavín, 2000

Sueño

a los que luchan por los derechos humanos
a un amigo que se atrevió,
a Imac que sigue luchando

Corrimos por los valles de nuestras vidas,
nadamos por nuestros anhelos y aventuras,
brincamos para alcanzar un sueño.
Así soñamos, puros y libres,
como esa estrella que se niega a tener dueño.

Amigo te vi tras las rejas, a través de los cristales y barrotes,
convirtiendo nuestros deseos infantiles en pesadillas,
manando amarguras de esa seca tierra frente a la cárcel.

Te miramos y admiramos
amigos, colegas, familiares
todos unidos en una mirada, en un deseo.
En la lontananza, tu silueta pura, sin pesares,
nos llenó de esperanza y sueños.

Así algún día correremos hacia nuestro destino
nadaremos hacia los sueños...
Seremos puros y libres
como esa estrella que se niega a tener dueño.
®Ana Maria Fuster Lavín, 2000
 

Tan lejos el adiós

para un amor imposible
        como nuestro destino

Tan lejos, tan cerca.
Los días transcurren
y no descubro si estoy viva,
o vivo mi muerte.

Tan lejos, tan cerca,
ese último recuerdo.
La sangre bañaba nuestros cuerpos
sumergiendo el éxtasis
de nuestras vidas
de nuestras muertes.

Tan lejos, tan cerca
nuestras almas se separaron
liberando la maldición
de la vida y la pasión
hacia un nuevo destino
y no descubro si estoy viva,
o vivo mi muerte.
®Ana Maria Fuster Lavín, 2000

¿Dónde estás?

     porque somos
      diferentemente iguales...

Marcho sin rumbo fijo.
Camino  sin destino,
por un mundo que no es el mismo.
¿Cuándo las sendas, mi destino,
habrán cambiado?

Me siento perdida
no te encuentro...
Así como de la nada llegaste a mi
desapareciste...

Silencios, caricias, besos
ilusiones, pasiones
abrazaban nuestros cuerpos
sudando un manantial de amores
en lo más alto de la orgásmica felicidad.

Gritábamos, gemíamos
la onomatopeya de mis sueños, tus sueños.
Pero aún así desvaneciste mi vida.
Me dejaste sin un rumbo fijo
bebiendo la última gota de vino,
tu sangre, mi sangre en una botella.

Vuelve a mi, me deshago débil ante ti.
Esa profunda y fría tierra donde te ocultas
no nos podrá separar más.
No marcharé sin rumbo fijo.
Ni caminaré sin destino,
por este mundo que ya no es el mismo.
Derramaré mi vida en ti
haciendo el amor sobre tu helado techo
desangraré mis ilusiones
y volveré a tu lado.
®Ana Maria Fuster Lavín, 2000

Sobredosis de tu amor
                   a Puerto Rico
                           a Ricardo por creer en mi

Sobre dosis de tu amor...
Espada que clava mis convicciones
Tierra que convulsiona
en temibles quejidos.

Así te duele,
así me duele.
Ambición de ambiciones
que no ven tu magnífica belleza.
Y lloras, sufres
gimes y te ignoran.

Te destruyen
te violan
te despedanzan...
Y mis venas ya no manan;
son un tatuaje
seco y envenenado,
por la tolerancia de lo intolerable,
por la inactividad.
¡Te he abandonado!
Y sin embargo,
tengo una sobredosis de tu amor...

Ahora me levantaré
desnudaré mi cuerpo al mundo
y marcharé por ti y hacia ti.
Te amaré con locura y pasión.
Paz, amor y libertad
serán tus redentores.

Gritaré tu destino
Tierra mía tu estrella
brillará siempre sola
y poderosa en el firmamento.
 

Réquiem por la naturaleza

El mar  suspira
un grito agónico
estrangulado,
años de indiferencia.

Putrefacción, cicuta nauseabunda
el aire que respiramos
Aspirado por nuestros hijos,
hermanos solidarios
todos envenenados.

La demoníaca contaminación humana
canta un amenazante  réquiem.
Riquezas, poder, globalización:
la divina trinidad.

Tríptico de nuestro destino,
que podemos transmutar.
®Ana Maria Fuster Lavín, 2000
 

Un amor cibernético

                   para un joven amor

Eres un torbellino de sentimientos,
un terremoto de ilusiones
Ingenuidad que alimenta mi ser
y me hace escribir primitivos versos
de niña enamorada.

Me asomo al balcón
para que me veas al otro lado
y me refresques con la pureza
de tu tierna juventud.

Letras, teclados, internet
me desintegro y penetro
por los laberintos cibernéticos
para llegar a tu amor.

Deja que mis lágrimas
bañen tu cuerpo
de niño enamorado.
Déjame amarte, besarte
acariciar tu belleza.
Purificar mi cuerpo
con el calor del tuyo.
®Ana Maria Fuster Lavín, 2000

Borinquen Literario 
lolita_lavin@hotmail.com
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