
SOLO ASI
Acomodo uno a uno los miedos
etiqueto en colores diferentes
para que sea más fácil el encuentroDejo angustias encerradas en cajas
precinto con fuerte banda roja
temiendo que vuelvanEnrosco memoria
de noches vacías
enlazo con faja
de escarchas y heladasEscondo el dolor
apago la herida
acuno una niña perdidaPreparo la mesa
dos copas
la tenue luz de las velasMúsica antigua
recuerdo sin tiempoPerfumo mi cuerpo
asombro mi espera
amanso el galope
Desvisto uno a uno mis poros
para la lluviarecojo susurros perdidos
sonrisas borradas
caricias primerassólo así te espero.
Beatriz Martinelli 99
AGUARDO
Aguardo
cae la noche
dulcemente me cubreUn piano y una voz
entrelazan mis sueñosLas manos recorren
montes y valles
En una planicie dura
la boca juegalos besos esconden humedades
conjugan ríos caudalososaguardo
cae la noche
y dulcemente me cubreBeatriz Martinelli 99
............................................ RECORDANDO
I
La luna cómplice
prendió
tu deseo con mis miedos.II
Las puertas
rompieron los cerrojos
que guardaban escondidos los deseos.III
El dolor
abrió el jadeo
cerrando las esperas.IV
Dibujó el borde
de la bahía
la sal de tu marea.
Beatriz Martinelli
DE PASO
Rasguño las paredes
escarbo los rincones
saco pedazos tumorososbusco en las grietas
espío en las curvas
atajo destellospequeñas luces
que encandilan
a veces
pupilas mojadascaigo de bruces
entierro las uñas en el barro
siento el frío húmedocubro mi cuerpo de
putrefactas hierbas
su olor fuerte
hiereArrastro un cadáver dolido
encharco en lago espumoso
humeantese elevan los gases
de sedimentos añejosLevanto la vista
un pájaro vuela
en el azul cuarzoBeatriz Martinelli 1999
TE ESPERABA
Recostada en el sillón hamaca de la galería esperaba como todas las noches que algo sucediera.
Las mariposas de la luz revoloteaban alrededor de la lámpara y cada tanto una quedaba caída en el plato por aventurarse a tocar el sol muy de cerca.
La noche era cálida como siempre en diciembre, un espeso rocío se iluminaba en los charcos, y el canto de algún grillo rompía el silencio del oscuro.
Como siempre, ella tejía historias en su mente, de mujeres cálidas y ardientes cuyo amor se disputaban los obreros.
Esa noche, sin embargo, fue diferente.
Un sordo ruido se escuchó en el jardín del frente.
La puerta se quejó al ser abierta y rápidos pasos atravesaron las lajas que separaban la galería de la fuente.
Ella lo vio, estaba cerca, hacía tanto tiempo que esperaba que no lo tomó en cuenta.
El dijo dos palabras tan solo, “te quiero”, pero con la voz de hace mucho tiempo.
Ella iluminó su sonrisa, que tenía mucho de pena pero mucho más de prisa.
Se acercó hasta el sillón y le tomó la mano, ella la sintió fría muy fría.
Lo miró a los ojos, y apenas reconoció un brillo conocido pero muy lejano.
El empezó a tararear una canción que recordaba días de siesta, de río y escapadas.
Se arrodilló a su lado y los labios buscaron el calor de labios de otros encuentros.
Desabrochó su blusa y el corazón escapó como paloma.
Sus manos caminaron mesetas caminadas hace muchos años y el cáliz del amor se quebró en gemidos y nostalgias.
Recorrieron caminos conocidos y olvidados, remontaron cielos borrascosos y nubes de verano.
Galoparon en arenas rubias, salpicaron de río sus monturas y descansaron por momentos en verdes espesuras.
El gemido se hizo grito, el amor se hizo sangre, el calor se hizo nido y el dolor un visitante.
Recostada en el sillón hamaca de la galería despertó cuando el sol calentaba su blusa abierta y el recuerdo del amor entre sus piernas.
Beatriz Martinelli
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