La cueva de Frank J. Saavedra Baulo
 

"OSCAR" ©
Fran J. Saavedra

--------------------------------------------------------------------------------

Sólo con escucharlos ya me sentía feliz, la plenitud de la vida iba a llegar en pocas semanas y estaba tan impaciente como ellos. La llegada de una nueva criatura a este mundo es un gran alborozo para una familia y teniendo en cuenta que ellos tuvieron que padecer incontables visitas al ginecólogo para que todo saliera a pedir de boca, la dicha se multiplica.

Aún hoy recuerdo con cierta amargura el día en que ella estuvo llorando sin cesar hasta que él llegó para consolarla. Yo no alcancé a entenderlo del todo, pero creo que tenía algo que ver con el embarazo.

Yo desde pequeñito he sido muy observador y por ello creo que puedo sentir a los tres, aunque se encuentren distantes. Varios minutos antes de que entren por la puerta ya sé que van a llegar y me pongo muy contento porque el cariño para mi es muy importante.

Él trabaja en la ciudad y pasa muchas horas fuera de casa, pero es lógico si tiene que traer el dinero cada mes para alimentarnos a los cuatro. Quizá  por eso el tiempo que permanece en el hogar intenta desvivirse por nosotros y busca el tiempo necesario para darnos a cada uno un pedacito de su ternura y de su corazón.

Yo todavía era demasiado pequeño, pero a pesar de ello siempre me dejaban estar junto a ellos en la mesa a la hora de comer. Las palabras de los dos me tranquilizaban en mi inseguridad. Mi familia es como todas, aunque quizás por el hecho de vivir tanto tiempo con ellos los quiera más. El cariñoo que nos tenemos es mutuo y yo procuro complacerles en todo lo que puedo. Soy muy feliz..

Recuerdo hace poco una situación que por lo entrañable me llegó a estremecer. Como todos los días estaban los dos viendo la televisi¢n y Victor le dijo a María acariciándole la barriga: ¡ Que bien cariño ya sólo queda un mes !. Ella le puso su mano sobre la de él y le contestó: Después de todo lo que hemos pasado todavía no puedo creerme que quede tan poco.

Era cierto. Todos tuvimos que padecer los sinsabores de un embarazo complicado que según los médicos por fin iba a llegar a feliz término. Recuerdo momentos en los que las lágrimas presidían las veladas. Incluso Natalia, la benjamina de la casa se daba cuenta de esos pequeños detalles que ahora los pienso lejanos.

Natalia era la más pequeñita de la casa. A mi me gustaba observar como la bañaban. María tenía que estar muy pendiente de ella porque la bañera todavía se le hacía demasiado grande. Era maravilloso verla chapotear en el agua y asombrarse continuamente con las pompas de jabón. María le susurraba frases cariñosas y cálidas : Que buena el agüita para mi niña !, Te gusta, mi vida ?. Era en este lugar donde surgían mis pensamientos y meditaciones mientras jugaba con mi pelota. "Los inviernos son muy fríos, pero caliente, en una casa como esta tengo mucho tiempo para pensar y descubrir que soy un ser privilegiado. Las gotas de lluvia que caen fuera las siento como algo lejano, como algo que no me afecta. A veces tengo miedo de ser tan feliz porque tan sólo hay un paso de la felicidad a la derrota, a la penuria, al fracaso". De vez en cuando se percataba de mi presencia se giraba y me hacía una carantoña diciéndome: También está aquí el rey de la casa ?.

Yo seguía sorprendiéndome por el movimiento de las cosas. Los simples y caprichosos jugueteos de una pequeña corriente de aire con un pedazo de papel se me antojaban como un entretenimiento fascinante. Ellos mientras en la mesa, comiendo, hablaban de sus cosas El: Un amigo del trabajo me comentó lo bien que está aquello. Unas playas y unos paisajes alucinantes.
Ella: Si, en la peluquería también han comentado algo de eso. Parece ser que es el lugar de moda de los últimos años. Además está todavía muy virgen y los lugareños no ven el turismo aún como una industria.
EL: Y los precios. Todo est  baratísimo. Fíjate que comer a todo tren en el mejor restaurante te sale más barato que una pizza de aquí de la esquina.
ELLA: ¿ Has hecho la reserva ya ?
EL: Si, si, la reserva ya la tengo hecha. Van a ser quince días para olvidarse de todo y a la vuelta ya veremos. Oye, no le habrás dicho nada de esto a tu madre ? Ya sabes que no nos llevamos bien y que el año pasado nos fastidió las vacaciones con sus tonterías.
ELLA : No le he dicho nada, tranquilo, aunque me fastidia que la trates siempre así.
 

Las conversaciones entre ellos suenan armoniosamente en esta casa. Incluso en los momentos tensos se puede ver el cario que desprenden esos dos cuerpos que tanto adoro y que tanto representan para mi.

Algunas ocasiones, sobre todo los fines de semana, íbamos de compras. Me resultaba curioso el que salieran con las manos vacías y regresaran llenos de bolsas y paquetes. Nunca logré entender del todo la frenética actividad de un día de compras. Carreras, sudores, conversaciones en torno al dinero. Algo grotesco que sin embargo parece ser el eje en el que se sustenta toda la sociedad. Yo no necesito el dinero. Puedo ver a gente que sufre por él y gente que se vanagloria de tenerlo. Quizá sea un mal pasajero o quizá no. Con mi familia soy tan feliz que no puedo reprocharles nada. Me lo han dado todo.

Todo sigue siendo una maravilla, aunque siempre recordaré aquel d¡a en el que yo estaba jugando con mi pelota mientras ella lavaba la loza. Yo no les presté atenci¢n en un principio, pero por la subida de tono empecé a interesarme.

EL: Hola cariño. ¿ Por qué tienes esa cara ?. ¨Te pasa algo ?
ELLA: No, no es nada. ya se me pasará
EL: Te noto muy rara. ¿No ser  que han anulado los pasajes ?
ELLA: No, no es por eso. Es que veo que se va acercando el momento.
 

Fue en este instante cuando comenzaron a hablar más alto que de costumbre y a pesar de no entender nada de lo que decían intenté averiguar por sus ademanes de qué se trataba.

EL: No me vengas ahora con esas porque ya lo habíamos decidido hace tiempo. Las vacaciones ya sabes lo importantes que son para mi.
ELLA: Lo he pensado mejor y creo que no debemos hacerlo
EL: Ya sabía yo que con lo del embarazo te ibas a poner más sensiblera.
ELLA: No es el embarazo. Cuando lo pensamos quedaba mucho, pero ahora...
EL: Mujer, piensa en lo bien que lo vamos a pasar. Además si quieres iré yo sólo.
ELLA: No eso no. Si lo hemos decidido iremos los dos juntos.
 

El terminó la conversacion con una carantoña.

Las discusiones a veces han sido duras, pero lo mejor que tienen son las reconciliaciones. Desde siempre me ha gustado ver las caricias mutuas que suceden a los instantes de mal humor. La mitad de las veces no me entero de lo que dicen. No me hace falta. Seguro que son contratiempos cotidianos sin importancia de una pareja feliz.

Hoy parece ser que es un d¡a especial. Es la primera vez que vamos en el coche en un recorrido tan largo. No sé por qué están tan taciturnos y pensativos. Espero que se les haya pasado la pequeña rabieta de la otra tarde. Siempre les he acompañado a casas de amigos o familiares, pero esto es diferente. ¿ Qué nuevos lugares me van a enseñar ?. El paisaje es prometedor y seguramente quieren enseñarme alguno de esos rincones de los que tanto han hablado. El campo y la naturaleza siempre me han llamado mucho la atenci¢n. Una curiosidad que deseo mantener viva durante muchos años porque intuyo que el campo debe tener muchas más cosas buenas que la ciudad. Parece más tranquilo, más sosegado.

Al detenernos, me parece un lugar perfecto para pasar el día. El se ha bajado primero y después se ha dirigido a la puerta trasera para abrirme. Me parece muy extraño que no se bajen ni ella ni la pequeña, aunque seguro que bajarán más tarde. El me lleva consigo. Seguro que pretender  enseñarme algo importante. Ya hemos perdido de vista el coche y seguimos caminando. Nos detenemos. El se dirige hacia mi, inclinando sus rodillas se pone a mi altura y me dice: Ahora esperanos aquí un momento que enseguida volvemos.

El se marcha, probablemente irá a buscarlas a ellas. Está bien, mientras disfruto de este paisaje los espero. No todos los días tengo la oportunidad de admirar el campo. Cuando miro a lo lejos lo veo alejarse. Subirse en el coche. Nadie baja. Suena el motor. El coche se mueve. Se aleja. Desaparece.

Empiezo a dar vueltas por entre la hierba y me doy cuenta de lo que ha ocurrido.

Es muy duro pasar de imaginar las cosas en clave de vida para pasar a sentirlas en clave de muerte. Hay dolores físicos que por muy duros que sean son fácilmente superables si sabes que hay alguien que confía en ti y en el que puedes confiar. A Pesar de ser poco más de media tarde, la noche está comenzando a hacer presa en mi corazón. Una noche cerrada, oscura, trágica... vacía...

El regreso de la familia a casa no fue agradable ni divertido. Miradas culpables y cómplices fueron intercambiándose durante el trayecto. Incluso llegaron a apagar la radio que tenían encendida desde su salida. Unos cuantos kilómetros que parece que no van a tener fin son los mudos testigos de la tragedia.

Al llegar a casa nadie habla. Ella y su pequeña en brazos se refugian en la primera habitación que encuentran. El sigue de frente, todavía hay algo que le une a su reciente pasado. Camina por el pasillo y deposita en una percha un collar de cuero marrón en el que, aunque relativamente ajado por el paso del tiempo todavía puede leerse una inscripci¢n chapada en metal: "OSCAR"..
--------------------------------------------------------------------------------
SEPTIEMBRE DE 1.994
 



 
 

"PLUMBUM PLUMBI" ©
Fran J. Saavedra

--------------------------------------------------------------------------------

Recuerdo que el día que vi la luz por primera vez hacía frío. Acostumbrado como estaba a la calidez del interior, me resultó muy extraño verme arrancado por unos hoscos hombres de sucias vestimentas de la maternal gruta que había sido mi hogar durante tantos años.

Junto a muchos de mis hermanos fuimos cargados en inmensos camiones que eran conducidos por hombres regordetes y sudorosos que llevaban impersonales monos azules y cascos grasientos. La oscuridad reinante en el interior del camión no me permitió ver hacia donde nos conducían. La sensación era agobiante. Habíamos estado tanto tiempo juntos y no nos conocíamos. No podíamos imaginar por qué extraño sortilegio habían perturbado nuestro plácido descanso. Mis meditaciones me impidieron percatarme de la duración del viaje, pero podría asegurar que no sobrepasó las dos horas. Unas inmensas grúas me devolvieron de nuevo a la realidad. Bruscamente nos depositaron en una cinta transportadora que terminaba en una inmensa caldera que se encontraba al rojo vivo. Al llegar se apoderó de mi un asfixiante calor, que al principio de mi existencia ya había sentido y que mi constitución podía aguantar perfectamente aunque modificaba por completo mi fisonomía sólida para convertirme en un viscoso y humeante conjunto líquido. Más tarde... la nada, la inconsciencia, la muerte, el renacimiento.

Me desperté, ya frío, en otro lugar que no conocía y que en absoluto se parecía a lo anterior. Aquí ya no había calderas. No reinaba el fuego. Una inmensa estructura de hormigón daba cobijo a multitud de departamentos estanco donde se clasificaban todas las piezas que llegaban del gran horno. Aunque no faltaba la luz, ésta daba un aspecto mortecino a las caras de los obreros que manipulaban todo aquel Galimatías. Una estruendosa sirena acabó por despertarme por completo. Las transformaciones a que había sido sometido debilitaron mi pensamiento y ahora volvía a reencontrarme. Fue en aquel instante cuando me vi de nuevo. Ya no era un conjunto deforme y sucio. Ahora pertenecía al mundo de la armonía, de las formas bien definidas. El orden había ganado la batalla al caos. Era muy pesado.
Mágicamente uniforme a través de todas las líneas perfectas de mi cubierta prismática. Las preguntas sobre qué fui, qué soy y que seré revoloteaban por mi interior, pero lejos de atormentarme me sumían en una sensación especialmente excitante.

El tiempo fue pasando y por las sensaciones térmicas que recibía del exterior pude calcular que pasaron dos veranos y tres inviernos. Una cada vez mayor capa de polvo se hizo mi compañera inseparable. Estaba acostumbrado a esperar. Para mi el tiempo no es implacable como para los humanos, cuya velocidad no pueden detener, aunque intenten engañarlo.

Yo ocupaba un pequeño espacio junto a cientos, miles o quizás millones de mis iguales que no podía calcular porque mi campo de visión quedaba limitado a unas pocas decenas que se apilaban en todas direcciones. Por fin un día pude observar como enormes máquinas iban desalojando las hileras más próximas a mi. A pesar de ello mi visión no me permitía ver algo más que hileras y más hileras de mis iguales. Todos simétricos, monótonos, ordenados.
Algunos débiles rayos de luz se empeñaban sin éxito en deshacer el aburrido monocolor del gigantesco conjunto.

Cuando me arrancaron de aquel lugar supe que había llegado mi hora. De los próximos acontecimientos dependía mi futuro durante algún tiempo. Las preguntas sobre mi pasado, mi presente y mi futuro volvieron a aparecer nítidas en mi interior y como tentando al destino me atrevía a hacer algunas cábalas sobre lo que sucedería a continuación.

El sol ya se batía en retirada cuando me subieron a un camión. El viaje transcurrió durante varias horas y al llegar el astro rey comenzaba a desperezarse. De nuevo otras máquinas se ocuparon de llevarme al interior de un gran edificio del que sobresalía una chimenea renegrida por el humo que supuse llevaba saliendo de su interior varios años.

Lo que pensaba que iba a ser mi inmediato futuro se convirtió en una nueva larga espera en otra pila junto a mis iguales. Ahora ya no éramos tantos y aunque con cierta dificultad podía ver que ocurría a mi alrededor. Al parecer se trataba de coger a cada uno de nosotros y trocearnos en porciones más diminutas para luego trasladarnos a un lugar que desde mi posición no podía distinguir, aunque noté que se trabajaba sin descanso y con enorme celeridad.

Máquinas y robots más pequeños se encargaban de modelarnos para darnos una fisonomía casi cilíndrica de aproximadamente 2 cms. de largo. Para ello tenían que desprenderse de parte de nuestro rugoso cuerpo.
Después de las manipulaciones a que fui sometido estos últimos pequeños retoques no suponían para mi el menor contratiempo. Al final del trabajo quedé listo para dirigirme a mi destino. Un lugar que no conocería hasta pasado algún tiempo. Ahora ya tenía entidad propia y el uso al que sería destinado, a pesar de que todavía no lo conocía ya había sido trazado.

Me introdujeron junto a muchos de mis compañeros en una caja de cartón, no excesivamente grande y nos volvieron a apilar en un lugar seco y cálido. Al estar encerrado en la caja de cartón no podía más que percibir lo que ocurría en el exterior a través de ruidos y sonidos por lo que me resultó imposible hacerme una idea aproximada de lo que había fuera.

Pasaron los días y a eso de la media tarde comencé a notar que estaban moviendo las cajas. Hasta que llegó el turno de mi caja no conseguí ver de nuevo la luz. Unas pinzas de acero me recogieron y añadieron a mi volumen una prolongación que recubría parte de mi cuerpo y que terminaba en un circulo, con otro más pequeño en el centro. De nuevo me colocaron en la caja y comencé mi último gran viaje con un destino que no llegué a conocer hasta dos semanas después.

Hombres uniformados de caqui, me devolvieron a la realidad desde la caja de cartón que fue mi morada. El ruido era ensordecedor fuera. En el interior de un pequeño edificio me colocaron junto a 19 de mis iguales en una especie de cajita metálica que sólo tenía una abertura por uno de sus lados y que colocaron en un utensilio alargado con un agujero redondo en su extremo más puntiagudo. Un potente muelle nos obligaba a estar tensos y apretados. El utensilio alargado junto con la cajita metálica que nos alojaba fue transportada hasta el exterior por alguien a quien no conseguí ver. El estruendo se multiplicó por cinco, quizás por diez al traspasar el umbral de la puerta. El sujeto nos depositó en una pequeña tarima de madera.
Otras manos, nos recogieron violentamente de la tarima y en sus brazos emprendimos una carrera de locos.
Explosiones de diferentes intensidades nos rodeaban. El individuo paró en seco. Se escondió tras un árbol y colocó el utensilio metálico en horizontal a la altura de sus ojos. Siete pequeñas detonaciones se hicieron notar en el maremagnum de efectos sonoros del ambiente. Casi instantáneamente notamos un cierto alivio en la cajita metálica en la que seguíamos. Una pequeña mirada entre nosotros bastó para comprender que ya no estábamos todos.

Siete de nuestros compañeros habían desaparecido y su lugar lo ocupaban otros siete. El espacio, aunque todavía comprometido por la presión del muelle se había ensanchado ligeramente. Yo ahora ocupaba la posición número 4. El portador de nuestro artefacto debía estar atravesando un terreno sumamente accidentado porque los vaivenes a los que nos sometió en los minutos siguientes nos transportó a un mundo de espirales en el que la quietud parecía lejana. De repente se paró bruscamente, de improviso. La inercia del frenazo nos obligó a apretarnos todavía más en nuestro minúsculo habitáculo. Se hizo el silencio, un silencio de muerte. El sordo crepitar de las ramas al moverse rompía la calma reinante en el entorno. Otras seis pequeñas detonaciones se hicieron un hueco en la quietud. Al mismo tiempo yo me sentí empujado bruscamente al exterior. La parte de mi anatomía que me habían adosado posteriormente me abandonó con violencia. Yo me encontré en el espacio, volando a velocidad de vértigo en línea recta. Creo que no tardé ni un segundo en alcanzar mi objetivo. No pude ni siquiera verle la cara, aunque me pareció que era muy joven. Con ímpetu penetré en su cuerpo y en mi recorrido me llevé por delante vísceras, tejidos y huesos. El muchacho se desplomó súbitamente y comenzó a pedir ayuda a alguien que no llegaría nunca. la vida se le estaba escapando por momentos. Sus gritos conforme pasaban los segundos se hacían más y más débiles hasta desaparecer por completo.
Yo estaba rodeado de sangre. No entendía nada. No sabía qué estaba pasando. Ni siquiera podía ayudarlo. El silencio se convirtió en desolación que cesó a los pocos minutos para convertirse en una nueva sinfonía macabra de explosiones, detonaciones, gritos y lamentaciones.

Dentro todo estaba muy oscuro. Sólo podía percibir la viscosidad de la sangre y escuchar los débiles latidos de aquel corazón joven. Nunca supe cómo se llamaba y nunca le vi los ojos.
Antes de que la noche alcanzara sus últimos objetivos y le ganara la batalla al día aquel corazón se paró para siempre.
--------------------------------------------------------------------------------
SEPTIEMBRE DE 1.995


"EL ECLÉCTICO" ©
Fran J. Saavedra

--------------------------------------------------------------------------------

.... Si, pongo cuatro puntos suspensivos al comienzo. ¿ Pasa algo ?. No sabía como
comenzar el relato y después de releer por enésima vez mis esbozos, creo que esta puede ser
la mejor forma de empezarlo. Y dadas las características del mismo he pensado que con ello
puedo contribuir a desbaratar ya algo los canones impuestos. ¡Ah !, y esto es sólo el
principio. Mi nombre no viene a cuento. Para averiguarlo pensad en cualquiera de los que
podrían haber sido y nunca lo fueron. Pero ved e intentar comprender lo que me ha movido
a cuatripuntear la antes inmaculada hoja de papel.

Entró como una exhalación en la oficina de colocación y de inmediato se dirigió hacia e
l mostrador. Un individuo con bigote y mirada inexpresiva lo esperaba amenazante agazapado
en un traje estandard comprado en donde se compra de todo.
­ Buenas !. ¿ Ha salido algo de electricista ? -preguntó el recién llegado-
- No, por el momento no, pero tiene varias ofertas de fontanero, de peón caminero, de
tractorista, de huevero...-Le contestó "el bigotes"-
-! Qué casualidad ­. Siempre salen cosas de las que no me interesan. Pues nada, gracias y ya
volveré mañana a probar suerte de nuevo.-articuló de nuevo el sujeto-
-­ Adios ! -exclamó el primero-
-­ Adios, Adios ! -puntualizó el segundo-.

Al salir se fue frustrado un día más a olvidar a una taberna próxima -quiín sabe si estaría allí
dispuesta para esa maldita finalidad-. Después de honrar debidamente a Baco se marchó y
accidentalmente se vio envuelto en una manifestaci¢n que al parecer propugnaba la Paz....
Nadie sabe cómo fue, pero nuestro protagonista permaneció cinco días en el Hospital entre
Pinto y Valdemoro. Mucho más cerca de Valdemoro que de Pinto.

Cuando empezaba a ver otra vez claras las cosas lo echaron del hospital argumentando que
el seguro no cubría cierta parte de los gastos médicos y bla bla bla. Lo cierto es que lo
despacharon tranquila y diplomáticamente con las heridas a medio curar. Realmente sería
necesario creer en brujas para entender lo que ocurrió después. Al llegar a su casa se encontró
con otra familia viviendo all. Al pedir explicaciones le contaron una pequeña historieta y
como nuestro hombre era una buena persona, habiendo sobrepasado con creces los límites de
la ingenuidad, y era un ser sumamente pacífico se marchó sin molestar.

Ya en la calle, paseando recordó que justo aquel día expiraba el plazo para el pago del
Impuesto de Seguridad Ciudadana. Miró la hora y como observó que no tenía mucho tiempo
se fue corriendo porque este hombre era de esos ciudadanos que ya no quedan, hechos de una
pasta especial. Si correría el sujeto que lo paró la policia creyendo que era un ladrón o un
terrorista. Como el pobre no llevaba documentación se lo llevaron a la Comisaría y tras tres
horas asfixiándole a preguntas lo soltaron. Cuando se dio cuenta de la hora y del plazo
empezó a correr, pero paró en seco acordándose de su anterior aventura. "Intentaré pasar
desapercibido" -se dijo-. Al doblar una peligrosa esquina unos navajeros le quitaron el poco
dinero que llevaba y enfurecidos por esto le pegaron un puntapié en ese lugar que estais
pensando, ­ Si !. No sé como pudo recuperarse, pero el caso es que consiguió emprender de
nuevo su avance. En una fatídica calle pasó un coche "a toda pastilla" que, según supimos
luego, eran atracadores que huían de la policía. Como considero importante esta escena voy
a entrar en detalles: Una calle de doble sentido. Nuestro hombre está cruzando y una persona
que lo llama creyendo reconocerle, pero se confunde de individuo. Al volverse no se da
cuenta del coche que viene que le asesta un tremendo golpetazo y no contentos con esto le
dejan un recuerdo de plomo en la pierna. Cuando en cuestión de segundos intenta levantarse
le viene por detrás el coche policial que lo embiste de nuevo en un impacto casi mortal, pero
tuvo suerte. No perdió la vida como sería lógico pensar. Eso si estuvo en coma profundo
doce días, después ya lo trasladaron al hospital de la Prisión a la espera de su recuperación
y del juicio que tenía pendiente por omitir el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana.

En la sala de Justicia el fiscal estaba como loco porque allí no pagar el citado impuesto
resultaba una falta gravísima. No voy a relatar el juicio porque casi todos ellos son
soporíferos. La sentencia: "Culpable" y el veredicto: "Se le quitar  el carnet de ciudadano
por gamberro y queda condenado a pasar diez años en la carcel del Distrito.

Y ya lleva dos años entre rejas. Si alguien se apiada de este hombre al leer estas líneas, le
sugeriría que al menos le llevara tabaco. ­ Ah !. Fuma negro.
--------------------------------------------------------------------------------
SEPTIEMBRE DE 1.982

fjsaaved@lix.intercom.es




© 1999 Grancanariaweb