CUENTO DE HADAS.

D.Pedro de Acuña.

Nuestra historia se desarrolla en el lejano país de Florín allí bajo el mandato del Rey Arturo vivía el señor de Acuña, dueño de grandes tierras y señor del castillo de Ferrería, D. Pedro que así se llamaba, siempre se distinguió por su gran valentía ante el enemigo, caballero de la mesa del Rey Arturo, vivía apartado de la Corte en su castillo, disfrutando de la caza y de la cría de caballos, tenía su pequeño ejercito de 100 hombres y era el guardián del pueblo y del valle que dependían del castillo.

Tenía este D. Pedro tres hermosas hijas, eran la alegría del Castillo, viudo desde hacia muchos años dedicaba la mayor parte del día a la enseñanza del arte ecuestre y el manejo de las armas, la ausencia de varones en la familia hacia que D. Pedro tuviera esta inclinación hacia sus hijas, ni que decir tiene que en aquella época no era costumbre ver a una dama practicar estas artes, pero el padre era hombre de ideas fijas y muy testarudo, herencia que había pasado a sus hijas, no en la misma medida.

Desde las almenas del castillo se divisaba el enorme valle bordeado por un río, un basto pinar y mas abajo la pequeña aldea donde los habitantes se dedicaban a las labores diarias, era bonito ver como el humo salía de las chimeneas, a D. Pedro le gustaba contemplar esa imagen, se sentía orgulloso de sus posesiones.

Llevaba unos días preocupado, quería que su apellido y su escudo de armas tuviera sucesor, pero veía a sus hijas siempre ocupadas y sin ninguna prisa por encontrar esposo.

¡Oh Perdón! creo que con la narrativa olvidé presentar a las damas, eran tres como ya mencioné varias veces,  tres hermosas flores llenas de vida, orgullo de su padre y alegría de todo el valle.
La mayor se llamaba Michelle, de cabellos largos, lady Michelle tenia el pelo rubio del color del trigo, era la mas serena de las tres, tal vez ser la mayor le exigía esa condición, sus grandes ojos azules del color del cielo la mantenían siempre pendiente de sus hermanas, la ausencia de una madre hacía que ella ejerciera ese papel.
La segunda Lady Yanira era muy diferente, montaba a caballo desde muy joven, de pelo negro y ojos oscuros se defendían perfectamente con la espada, y era una delicia recitando versos y contando cuentos de dragones, pasaba muchas horas escribiendo, cuando no, montando a caballo.
Nos queda la tercera Lady Nory, era sin ninguna duda la más revoltosa, todo el mundo la conocía por Chispas, iba siempre a su aire su pelo largo de color rojo se podía ver a un km. del castillo, le gustaba siempre acompañar a su padre en los días de cacería de ciervos, manejaba la ballesta como el mejor soldado.

Las tres tenían rasgos comunes y sobre todo eran bellísimas, vestidas con sus largos trajes rebosaban belleza y feminidad.

Sigamos, como digo  D. Pedro de Acuña estaba preocupado, se veía mayor y antes de su muerte quería conocer a sus nietos y ver sucesión en su castillo, después de mucho pensar llegó a la sabía conclusión que si sus hijas no buscaban marido sería él, D. Pedro, quien los trajera a sus tierras.

Durante la cena de aquel  mismo día quiso saber de alguna forma la opinión de ellas, conocer la inquietud sobre este mismo tema y ver como podría ingeniárselas para hacer venir a un puñado de caballeros a su castillo.

--había pensado organizar en el castillo un torneo, invitar a los caballeros del Rey Arturo y a todo aquel caballero que quisiera participar en los lances que celebremos, ¿qué os parece hijas mías? – D. Pedro dejó caer la pregunta no mostrando mucho interés, mientras se llevaba a la boca una exquisita fresa, recogida esa misma mañana en sus campos.
--si a ti te place, pero a mi no me hace mucha ilusión—contestó la mayor Michelle
--¡claro Michelle¡ a ti estas cosas no te gustan, tu prefieres tus bordados y tus pinturas—esta era
Nory, resultaba difícil verla callada en este tipo de cuestiones.
--Sería una buena idea—comento Lady Yanira—será interesante ver a un grupo de caballeros cruzar armas entre ellos, ¿y porque este interés tan repentino padre?
--Ejém—carraspeó D. Pedro—estoy algo aburrido, se acerca la primavera y echo en falta el campo de batalla, esta paz ganada por Arturo y todos nosotros hace que recuerde esos días de polvo, sangre y ruido de espadas.
--¡por Dios padre¡--contestó Lady Michelle—ya tengo bastante viendo a mis hermanas manejando armas y montando a caballo, en vez de aprender a bordar y cultivar nuestro jardín.
--Yo creí que las flores salían solas, ja ja ja ja –replicó Nory
--¡Nory!— su padre la reprendió
--Perdón padre.
Yanira permanecía en silencio mientras hablaban miraba a su padre lo conocía muy bien y sabía que había algo mas detrás de aquella nostalgia  por tiempos pasados, pero no acertaba a saber que podía ser.
--bueno, ¿qué os parece? Serían unos días llenos de acontecimientos, fiestas, saldríamos de la rutina a la que este crudo invierno nos ha sometido.
--será lo que tu digas padre—contestó Yanira
--¡Sí!—gritó Nory la más pequeña de las tres.
--si ello te hace feliz, yo también digo que sí—manifestó Michelle con aire de resignación
La cara de D. Pedro se iluminó con una sonrisa de triunfo, la parte más difícil de su plan se había cumplido. Terminaron de cenar sin mas novedad.
Mientras se retiraban por el ala oeste del castillo donde se encontraban las alcobas, Michelle y Yanira hablaban entre ellas.
--Resulta raro que nuestro padre de repente sienta la necesidad de ver un torneo, algo trama y no sé que puede ser.—dijo Yanira
--¿tu crees? Tal vez solo sea eso, divertirse durante unos días.—Michelle
--no, ya sabes que nuestro padre siempre hace las cosas con un motivo, acuérdate cuando Chispas era pequeña, tenía miedo a los caballos, ¿recuerdas? Hizo que durmiera en los establos durante algún tiempo.—dijo Yanira
--Sí! Ja ja ja termino hablando con ellos, ja ja ja ja---reían las dos hermanas
--por eso sé que esta vez trama algo—comento Yanira achicando los ojos.
--buenas noches Yani
--buenas noches Michelle
Mientras en el gran salón principal al calor y  luz de la enorme chimenea D. Pedro leía con su hija Nory.
--papá estoy cansada de leer, esta aventura de dragones y caballeros resulta poco verosímil—dijo Nory—¿tu crees que alguien creerá que alguna vez pudo existir un dragón?
--hija mía hay gente para todo, tal vez algún patán dentro de muchos años pensará que en estos tiempos nos dedicábamos a cazar dragones, pero bueno, tienes que leer Nory, estoy pensando que va siendo hora de que tu y tus hermanas vayaís haciendo planes de matrimonio.
--luego es eso papá, ja ja ja quieres organizar todo esto para que encontremos esposos,
D. Pedro se vio descubierto, comenzó a toser pero la pequeña Nory era su debilidad, a ella no podía negarle nada.
--si hija mí, a así es, pero no digas nada a tus hermanas, ¿lo prometes?
--lo prometo papá.

Los rayos de sol se colaban a través de la vidriera de colores de Lady Yanira, estos se descomponía formando un arco iris en la alcoba, el canto de los pájaros y olor de las flores anunciaban un nuevo día, Yanira luchaba por no despertarse, seguía durmiendo, mas bien seguía soñando, siempre era lo mismo, un caballero montado en un hermoso corcel cabalgaba a su encuentro, la tomaba por la cintura y la subía a la grupa de su caballo, juntos emprendían una desenfrenada carrera, Yanira hacia lo imposible por tratar de ver su cara, pero el yelmo del caballero le impedía vérsela, Yanira manifestaba una tranquilidad de espíritu y una felicidad desmedida mientras se abrazaba a su cintura, el sueño siempre terminaba de las misma manera, el caballo paraba su carrera, ella desmontaba, desde lo alto el caballero se quitaba el yelmo, pero en ese preciso momento ella despertaba de su sueño, siempre era lo mismo.
Yanira se levanto de la cama—algún día le veré la cara, algún día—corrió hacia los ventanales y los abrió, contempló el ir y venir de los soldados, desde su alcoba se podía ver el patio de armas y parte de la entrada a las caballerizas, Nory no tardaría en regresar de su paseo, pensó.

Michelle hacía rato que preparaba la mesa para el desayuno, le gustaba tenerlo todo organizado para la llegada de su padre y sus hermanas, colocaba flores en el centro de la mesa que había cortado esa misma mañana y esperaba paciente a que los sirvientes entraran con las viandas.
D. Pedro era el siguiente en llegar, mas tarde lo hacía Yanira y por último como siempre corriendo Lady Nori.
--esta mañana hijas mías han salido del castillo emisarios en todas las direcciones, anunciando mi deseo de organizar las diferente competiciones de armas en nuestro castillo.
--¿y para cuando será Padre?—preguntó Lady Yanira
--en la segunda semana del mes de Junio
--¿pero? eso es pronto Padre
--así es hija mía, cuanto antes mejor

La cara de D. Pedro rebosaba felicidad, se veía rodeado de numerosos caballeros solicitando la mano de sus hijas, el siguiente paso sería ver crecer a sus nietos, vivir la experiencia de un hijo que nunca tuvo, pero despertó súbito de su sueño, una mosca quería comer de su plato y el no estaba dispuesto a compartirlo.

El tiempo pasa volando en los cuentos, el simple hecho de pasar una hoja puede equivaler a dos días tal vez una semana ó el tiempo que D. Pedro había marcado para sus festejos, este era el caso, nos situamos a una semana de los juegos.

Desde lo alto del castillo se podían ver las tiendas de los caballeros que hasta la fecha habían llegado, desde arriba las tiendas parecían setas, todas perfectamente alineadas con los escudos de armas en la puerta y el escudero si lo hubiese, velando por los bienes de su señor.

La luz se filtraba por encima de las copas de los árboles, el canto de los pájaros junto con el ruido de los cascos de su caballo era el único sonido que se podía oír, él era uno de los caballeros que marchaba en dirección al castillo, en la grupa de su caballo se podía ver el escudo de armas con su distintivo, un lobo, con marcha lenta recorría los pocos km que lo separaban de su destino, mientras lo hacia, pudo ver a un lado del camino a otro caballero descansar de tan largo viaje.
--buen día caballero—saludó el del distintivo de lobo
--buen día tengáis vos
--por ventura ¿viajáis hacia el castillo de D. Pedro de Acuña?
--así es, y creo que a juzgar por vuestro equipaje vos también.
El caballero que reposaba en el camino y cuyo caballo permanecía atado a unos matorrales llevaba el distintivo de su familia grabado en el escudo y también en los faldones de su caballo, un búho con las alas desplegadas en posición de ataque.
--permitidme que me presente, mi nombre es Diego de Alvarado, ¿él vuestro caballero?
--Antonio de Rochetou viajo desde el norte de Francia—contestó el caballero sentado en el camino
--largo camino, yo vengo de la corte de Arturo, llevo años con él. Y decidme ¿son tan
bellas las hijas de D. Pedro?
--supongo que vendréis solo por competir ¿no?—preguntó Sir Antonio
--bueno a decir verdad por las dos cosas, la primera esa, cruzar armas con vos, por ejemplo y la segunda conocer a las hijas de D. Pedro. Nuestro Rey Arturo siempre comentan que son bellísimas solo comparables con un hermoso amanecer en Camelot.

Tras largo rato de preguntas y suposiciones continuaron su camino hacia el castillo, quedaba todavía medía jornada para llegar a él, seguramente se les haría corto, los dos contaban aventuras y peripecias acaecidas en sus días de gloriosas batallas.
--y allí estaba yo rodeado de 100 soldados, mi espada en la diestra y el escudo en la siniestra.
--¿no creéis que son muchos soldados?
--¡callad pardiéz¡ yo estaba allí, vos no, ¿sabré yo cuantos eran?
--disculpar, seguid vuestro relato, si queda algún soldado vivo pasármelo a mí, ja ja ja
--¡por Júpiter¡ ¿acaso os burláis de mí? ¡sacar vuestra espada¡

Entretenidos como estaban ambos caballeros, no se percataron de que otro se les había unido al grupo y contemplaba la escena con divertida sonrisa.

--¡deteneos caballeros¡ juardar vuestro ímpetu para las justas, tal vez necesiteís fuerzas para combatir contra mí.
--vuestro nombre señor—preguntaron los dos al mismo tiempo
--Sir Robert de York
Los tres caballeros cabalgaron juntos el resto del camino, poco a poco, el bosque se iba disipando y comenzaban a verse los primeros claros, a lo lejos, se podía ver el castillo en lo mas alto de la colina, y las minúsculas tiendas de campaña del resto de los caballeros participantes.
--creo que vamos a ser unos cuantos—Diego
--eso parece— Antonio
--si— Robert
Bordearon la orilla del río, la gente trabajaba en las labores del campo, con una sonrisa saludaban a los tres viajeros, una familia de patos  nadaba en el centro del río, sin abandonar la orilla fueron hasta encontrar un puente para vadearlo, las primeras casas del pequeño poblado se dejaban ver.

D. Pedro seguía haciendo planes para la semana del torneo, le acompañaba uno de sus consejeros, rodeado de un montón de papeles, seguramente la acreditación de los caballeros, las miraba una a una.
--mmmmm, veo que ha venido Sir. Juán de Lancaster—observó D. Pedro.
--permitirme Señor que os diga, que la familia Lancaster esta en banca rota, después de la gran guerra se quedaron muy mal económicamente.
--esperemos pues mi buen consejero, que quede eliminado el primer día—dijo D. Pedro con cierto aire socarrón.
--esperemos—afirmo el consejero
--Sir Luís de Lorrión, conocí a su padre en una cacería, espero que tenga su mismo porte y valentía.
--Señor dicen de este caballero, que tiene cierta inclinación a los de su mismo sexo
--veo que tenemos invitados de muy distinto plumaje.
--como siempre Señor ha usado la palabra justa, “plumaje”
--consejero tengo miedo de mencionar otro nombre, deseo que el próximo sea de toda normalidad tanto física como económica.
Continuaron los dos pasando revista a la lista de participantes en el torneo, el buen consejero siempre tenia una palabra para cada uno de ellos.
--Perfecto pues, haremos una gran fiesta de presentación para todos los caballeros y al día siguiente comenzaremos—comentó D. Pedro.

Habían pasado dos días de la llegada de nuestros tres personajes al castillo,  Sir Diego acostumbraba a madrugar para dedicar el tiempo a la escritura, sentado bajo la sombra de un ciprés, ocupaba el tiempo en lo que él consideraba una de sus más gratificantes ocupaciones, la escritura, ocupado como estaba no se percató de la presencia de una de las hijas de D. Pedro.
Una tos a modo de aviso, hizo que este levantara la cabeza.
--buenos días bella dama.
--buenos días caballero, ¿cultivando el alma? a fe mía que debe de ser muy interesante lo que estaís escribiendo, ni siquiera os fijasteis en mi
--hace falta ser muy ciego para no descubrirse ante vuestra belleza., y si, me gusta lo que estoy escribiendo, decidme, ¿vivís en el castillo?—preguntó Sir Diego
--así es, soy la segunda hija de D. Pedro, ¿vuestro nombre caballero?.
--Diego señora, primer descendiente de la casa de Alvarado, ¿ puedo conocer el vuestro?
--Lady Yanira
Los rayos del sol se habían quedado enredados en el pelo de Lady Yanira, de esta manera se realzaba mucho mas su belleza, sus movimientos suaves al hablar hacia que Diego no apartara sus ojos de ella.
Durante unos segundos pasó por la cabeza de Lady Yanira un recuerdo, un sueño, era como una sensación vivida, algo ya conocido.
--¿pretendéis llevaros los laureles de ganador señor?
--para ello vine señora, y veo que mereció hacer tan largo camino.
Lady Yanira bajó la cabeza y se dispuso a retirarse.
--señora, me gustaría que guardarais estas líneas que acababa de terminar, tal vez inspirado por Vos.
--señor, todavía no nos conocíamos.
Yanira guardó la hoja, lentamente volvió a la entrada sur del castillo, cuando comprobó que nadie podía verla sacó el papel lo extendió y lo leyó, una dulce sonrisa iluminó su cara
“por una mirada un imperio, por una sonrisa un mundo, por un beso... que daría por un beso”

Recogía flores Lady Michelle en el jardín, quería adornar la mesa para la comida, tal vez hubiera invitados y la mesa tenía que estar adornada, a ella le encantaba ese sitio, conocía todas las plantas y flores, sabía de sus olores, colores, la botánica no tenía secretos para ella, había heredado de su madre la curiosidad por las plantas, sabía para que servía cada una de ellas y que enfermedades podían curar, su preferida era la rosa, de pronto oyó un ruido entre los matorrales, levanto la cabeza y pudo ver una reluciente armadura.
--¿quién anda?—preguntó
La figura de un hombre apareció de entre las ramas, alto de pelo castaño, y ojos penetrantes se la quedó mirando, con un movimiento de inclinación dijo...
--disculpar mi torpeza señora, espero no haberos asustando
--por un momento pensé que algún animalillo del bosque se comía mis flores
--pretendo ver  a D. Pedro, he de darle mis credenciales y creo que me perdí, permitir que me presente mi nombre es Robert, Sir Robert de York.
--yo soy Lady Michelle hija de la persona que Vos buscáis.
--no sabía que D. Pedro tuviera una hija tan bella, lo imaginaba rodeado de bastagos tratando de repartirse su herencia, disculpar
--no os preocupéis señor, nosatras sabemos guardar muy bien la herencia de nuestro padre.
Lady Michelle acompañó al caballero hasta el despacho de su padre, continuaba con el consejero discutiendo los pormenores de lo que sería un día de torneo.
--padre este caballero quiere hablar con vos.

Como cada mañana Lady Nory volvía de su paseo matinal, sus ropas eran cómodas y para nada se parecían a los vestidos que solía llevar el resto del día, como digo, entro en el establo montando a Rayo su caballo preferido, advirtió que alguien hablaba con uno de los mozos del establo.
--¿qué ocurre Crispín?—preguntó Lady Nory
--señora este caballero solicita permiso para herrar su caballo
--herrarlo Crispin, no podemos dejar a este caballero en inferioridad de condiciones por culpa de una herradura.
--son dos mi señora—rectificó el servicial Crispín
--¡sea! dos entonces.
--gracias señora por su gentileza, ¿con quien tengo el gusto de hablar?
--mi nombre es Nory y soy hija de D. Pedro, tiene un bonito caballo, ¿raza española?
--veo que entiende de caballos, es de raza española. es un pura sangre, permitame que me presente mi nombre es Antonio.
Antonio era un muchacho de cabellos rubios, sus ojos azules seguían a Nory allí donde fuera.
Pasaron largo rato hablando de caballos y de razas, a los dos les entusiasmaba el tema, al final quedaron en verse al día siguiente para salía a cabalgar juntos

El gran día del torneo se acercaba, los sirvientes del castillo trabajaban a marchas forzadas para tener todo listo, preparaban la empalizada donde se competiría a caballo y lanza, también  los soldados del castillo harían a modo de exhibición tiro con arco, solo quedaban pequeñas cosas por terminar. El mismo D. Pedro supervisaba las obras, daba alguna indicación de donde debía ir tal cosa ó tal otra, disfrutaba como un niño.
--¿y decís que ese tal Sir Juán de Lancaster se quedó sin blanca?
--sí mí señor, sin blanca

Muy temprano Sir Antonio y Lady Nory habían salido a caballo, cabalgaban por entre los campos saltando vallas y atravesando el río, en cabeza marchaba Nory a un cuerpo de distancia le seguía Antonio, a cada rato Nory volvía la cabeza para comprobar que su acompañante le seguía, los caballos comenzaban a sudar, en un claro del bosque donde el río hacia un recodo decidieron parar.
--montáis muy bien Mi Lady.
--Vos tampoco lo hacéis mal.
--los caballos necesitan descansar—aconsejó Nory
Juntos caminaron hacia el río para beber y lavarse, a su llegada una pequeña rana saltó al agua, tal vez asustada por la presencia de los visitantes, Nory pasó la mano por la cristalina agua y bebió ayudándose de la mano, Antonio hizo lo mismo, en silencio ambos contemplaban la quietud que reinaba en el ambiente.
--conocíais muy bien el camino Mi Lady
--si, suelo venir aquí muy amenudo, me gusta este rincón, consigues apartarte del resto de la gente y estar sola conmigo misma.
--¿y eso es bueno?
--¿el qué? ¿estar sola conmigo?, no, no es malo, me ayuda a pensar y meditar, me pregunto de no haber nacido en esta familia, ¿qué habría sido de mí? Sería pastora? tal vez ya estaría casada rodeada de hijos? ¿y Vos, no pensáis?
--no, no, cuando lo hago me duele fuertemente la cabeza, ja ja ja ja
--¿os burláis de mí?.
Mientras Nory hablaba, el no dejaba de mirarla, le gustaba ver como gesticulaba con su mano derecha, si Nory hablaba algo referente a los pájaros, su mano derecha hacia de ala, si era sobre caballos, su mano galopaba, si de caminar trataba, sus dedos andaban, Antonio disfrutaba, si, algo estaba pasando con ellos. Los dos permanecían recostados en el suelo, debajo de un gran olmo.
Antonio no lo pudo reprimir solo lo pensó y los dijo...
--sois bellísima Nory, nunca había sentido por otra mujer lo que siento por Vos.
Su mano tomó la de ella, la acarició y la besó, lentamente sus caras se juntaron y sus labios se fundieron en un beso largo y apasionado.

No muy lejos de allí pero con el castillo de fondo, un cielo impoluto y estrenando el día que acababa de empezar, se encontraban Yanira y Diego, este último metido de lleno en su cuartilla garabateando hoja, tras hoja, ella, contemplaba el inicio y fin de tan doloroso gestación.
--y decidme caballero, ¿acaso sois poeta? ó ¿tal vez un trovador disfrazado de caballero?
--ni una cosa ni otra Mi Lady, mi padre siempre quiso que siguiera el camino de las armas, yo prefería el de las letras, busque una forma de contentar a mi padre sin perder el deseo que yo tenia por la literatura, soy pues caballero, pero también soy escritor.
--¿y sobre qué os gusta escribir?
--sobre el amor, me gustan  las historias de amor, con una trama dura y dolorosa pero con final feliz.
Mientras hablaba Diego había dejado su cuaderno en el suelo y lentamente se acercaba a Yanira, mientras le daba todo tipo de pormenores sobre su obra literaria, ella permanecía atenta a sus explicaciones. Tan cerca estaba de ella que podía sentir su respiración
--permitirme señora, os ha caído algo en la comisura de los labios, ¿puedo quitarlo?
--si, os lo agradezco.
Sin mediar mas palabras Diego la tomó por la cintura y la besó, poco a poco el beso se fue prolongando en el tiempo.
--espero que lo hayáis quitado—observó Yanira
--del todo mi señora
--creo que ahora lo tenéis  Vos ¿puedo?
Así continuaron durante un rato, no sabría decir si alguna vez tuvieron algo en la comisura de los labios pero una cosa era cierta, estuvieron largo rato besándose aunque a juzgar por los suspiros y algún gemido, debieron de llegar algo mas lejos.

El jardín rebosaba de flores, el perfume inundaba toda la fachada este y subía hasta las alcobas, la primavera había llegado con todas sus fuerzas, Lady Michelle estaba sentada muy cerca de la fuente, era su rincón favorito, el sonido del agua era para ella relajante, en el centro una figura de Diana Cazadora lo adornaba. Trataba de terminar un libro de poemas, “Te voy a enseñar un hechizo amatorio sin droga, sin hierba, sin ensalmo de bruja alguna: si quieres ser amada, ama”
Seguía en su lectura cuando vió a Sir Robert delante de ella.
--¿se ha vuelto a perder señor?—preguntó Michelle
--no Mi Lady, esta vez no, sabía que la encontraría aquí, rodeada de flores y rosas, que parece ser es su sitio natural.
Michelle se sonrojó, pero no perdió la calma, Robert era un hombre serio, sereno transmitía confianza y serenidad.
--¿puedo hacerle compañía Mi Lady?
--si os place
--realmente es un jardín muy bonito, de pequeño solía pasear por el que teníamos en casa, corría por entre las flores, eso hacia que mi madre estuviera todo el día regañándome, pero a mí me hacia muy feliz,
--¿que lo regañaran?
--no, no, el que mi madre estuviera pendiente de mí, mi ponía sobre sus rodillas y me contaba historia de caballeros, de princesas, mientras ponía mi cabeza en su hombro y me quedaba dormido escuchando su voz, todavía puedo oler el perfume de su cabello.
--veo que la quería mucho—afirmó Michelle--¿dónde vive su madre?
--en mi corazón, murió siendo yo niño.
Durante un rato permanecieron en silencio, solo el ligero rumor de las hojas y el canto de los pájaros rompía el silencio que ambos mantenían, fue Michelle quien habló primero.
--lo lamento mucho Robert, nosotras tampoco nos criamos con nuestra madre, era Nory muy pequeña cuando murió, sé lo que tuviste que pasar.
--Oh! Hace muchos años de eso, poco a poco fui creciendo, pero el recuerdo de mi madre siempre me acompaña.
Los dos estaban frente a frente, las manos de Robert se pusieron en los hombros de Michelle y la trajeron hacia él, un mechón de pelo había caído sobre su cara, Robert lo apartó con delicadeza y sus bocas se juntaron, la mano izquierda de Robert se deslizó desde el hombro hacia la cintura de Michelle, lentamente.

Todo estaba preparado, solo quedaba una noche para el gran día, D. Pedro había supervisado todo el campo, ¡perfecto! había gritado, estaba orgulloso de cómo había quedado todo, sentado en la mesa para la comida repasaba mentalmente los acontecimientos, primero la exhibición de sus arqueros, luego la suelta de palomas el desfile de banderas y estandartes y  a continuación el plato fuerte, los caballeros compitiendo con lanza.
--decidme hijas mías ¿cómo va todo?—preguntó D. Pedro--¿ya habéis conocido a algún caballero?
Las tres se miraron, no habían hablado entre ellas.
--Son todos muy atentos Padre, pero solo piensan en el día del torneo, esto los mantiene ocupados—contestó Lady Yanira
--eso justamente—afirmó Lady Nory
--Lo mismo iba a decir yo Padre—esta era Lady Michelle
El padre las miró, su pelo canoso y él tener que haberlas criado desde la ausencia de su madre, le daban cierta ventaja, sabía que algo había ocurrido, cosa que por otra parte, era lo que él pretendía con este evento.

Después de la comida tenían por costumbre retirarse a sus aposentos para descansar durante un rato, Michelle hizo un gesto a sus dos hermanas para poder verse en su alcoba, se dirigieron las dos con ella, una vez dentro se sentaron junto a la ventana donde se podía ver todo el jardín, Michelle miró a la fuente y suspiró.
--vaya suspiro hermanita, ¿tienes algo que contarnos?--preguntó Yanira
--¡cuenta, cuenta!—metía prisa Nory
Michelle tomó aire y relató lo sucedido con Robert en el jardín, las dos hermanas seguían el relato con atención, Michelle lo contaba con todo detalle, pasó por alto el momento en que la mano de Robert se deslizó por el vestido y se detuvo durante unos segundos en su pecho, no sabía como transmitir a sus hermanas lo que había sentido durante esos segundos, lo que si tenia claro que le había gustado y mucho.
--¿y te besó?—preguntó Nory
--apasionadamente, sus labios me hicieron sentir mujer, sus manos moldeaban mi cuerpo como un escultor cuando trata el barro.
--aaaaahhhhhhh!!!!!!—suspiro largo y prolongado de las tres.
--bueno yo también tengo que contaros algo—confesó Yanira
--¿tu también?—dijeron las dos hermanas al mismo tiempo
Yanira habló durante un rato dando todo tipo de detalles sobre su Caballero Diego, de cómo besaba, de sus caricias, las cosas que le susurraba al oído, tampoco quiso contar los que les había mantenido ocupados durante casi una hora el segundo día de su encuentro debajo del olmo.
--y escribe muy bien, espero que algún día podáis leer algo suyo.
--aaaaahhhhhhh!!!!!!—nuevo suspiro también largo y prolongado.
De repente Michelle y Yanira se volvieron y se quedaron mirando a Nory, eran unas miradas de interrogación, como diciendo ¿y tú pequeña?, Nory sonrió, trataba de contestar a sus hermanas, en su cara se leía claramente, ¡yo también!
Nory les contó como era Antonio, sus conversaciones de caballos, la sensibilidad que tenía, las cosas tan bonitas que le había dicho y por supuesto se habían besado, ¡oh! la había besado ¡Dios! como besaba Antonio, le transportaba al Séptimo cielo.
--¿al Séptimo cielo?—preguntaron Michelle y Yanira
--bueno lo leí en alguna parte—se disculpó Nory
Las tres rompieron a reír, eran felices estaba enamoradas de sus respectivos caballeros.

Por fin llegó el gran día,  amaneció con nubes que habían dejado algo de lluvia a su paso, solo hizo que refrescar lo que sería una larga jornada, la gente del pueblo iba llegando poco a poco ocupando los mejores sitios, los que habían recibido invitación especial, ocupaban las tribunas expuestas a tal efecto, en el centro estaba situada la tribuna principal donde la gente venida de la corte  D. Pedro y sus hijas ocuparían los sitios ya preparados, cantidad de banderas y estandartes jalonaban todo el camino hasta llegar al recinto principal donde tendría lugar el torneo, la tribuna central  esta adornado de flores,  las banderas del castillo y el escudo de armas presidían la parte frontal, el poco viento las hacia ondear de un lado a otro.
Los caballos relinchaban, los escuderos corrían de un lado para otro haciendo los últimos preparativos, las jaulas con las palomas estaban preparadas para la suelta, los arqueros del castillo tensaban sus arcos y preparaban sus afiladas flechas, nada podía salir mal. Los niños rodeaban a los caballeros para verlos de cerca con sus relucientes armaduras, uno de ellos con su pelo negro revuelto sus ojos relucientes y cara de pillo, hacia repaso a todos los caballos, le gustaba preguntar el nombre, “¿y este como se llama señor?” ¿y este?”  al final Sir Antonio le pregunto el suyo, “¿y tú como te llamas muchacho?” “ mi nombre es Raúl señor pero todo el mundo me llama Raulito y algún día yo también seré un caballero como Vos”

Cómo digo todo se desarrollaba como había previsto D. Pedro ¡ah! El bueno de D. Pedro, no dejaba nada al azar,  era un gran organizar, el torneo para él  era como estar en el campo de batalla, todo en su sitio y a su hora.

Las trompetas sonaron y la comitiva con D. Pedro hizo su entrada en la tribuna, todo el mundo miraba al mismo sitio, Lady Michelle, Lady Yanira, Lady Nory estaban bellísimas, daba la sensación que un rayo de sol se había posado sobre sus cabezas  y no pensaba abandonarlas jamás.
El desfile de los caballeros delante de la tribuna comenzó, tenían que pasar y saludar a modo de respeto al dueño del castillo, este correspondía con una sonrisa, el primogénito de la casa Lancaster pasó y D. Pedro se hizo el despistado preguntando no sé que cosa a su consejero, cuando tocó el turno a nuestro caballeros las damas hicieron un movimiento con sus pañuelos.
Se hizo la suelta de palomas, todo el mundo miraba al cielo como esperando la caída del maná prometido, pero este no caía, de sus gargantas brotaba la misma frase ¡oooohhhh!
Las trompetas volvieron a sonar y los arqueros tomaban posiciones para lanzar sus saetas a las dianas colocadas en frente. Alguna paloma despistada volaba todavía por encima de ellos, con ganas habrían disparado sus flechas hacia ellas, pero no era el momento, uno de los soldados comentó en voz baja, “ bien limpias y al fuego mmmmm!”
El silbido de las flechas se dejó oír durante mas de una hora, después de varias eliminaciones el ganador fue un soldado veterano, este se llevaría el reconocimiento de todos y una flecha de plata en recuerdo su victoría.

El sonido de las trompeta se dejó oír nuevamente los primeros caballeros se colocaban es sus puestos,  consistía en derribarse de sus monturas a golpe de lanza, para ello, uno se colocaba frente al otro a unos cien metros, galopando y  separados por una vaya debían de entrar en contacto con la punta de su lanza, el que quedara encima de su caballo sería el ganador.
Los dos primeros caballeros entraron en liza, sus caballos nerviosos golpeaban la tierra con sus cascos, uno de ellos elevó sus patas delanteras  a la vez que lanzaba un corto relincho, el yelmo les tapaba la cara, un soldado con una bandera sería el encargado de dar la salida, la bandera bajó, los dos caballos iniciaron su loca carrera, a los cincuenta metros las lanzas bajaron apuntando al escudo de su contrincante, el sonido d los metales era contundente uno de ellos cayó derribado al suelo, para este el torneo había terminado.
Así fueron sucediéndose las tandas, Lady Yanira miraba tratando de encontrar a Diego, su penacho color verde y su lobo en el escudo apareció,a él correspondía la siguiente carrera, su contrincante no era era otro que Lancaster, D. Pedro rezaba, Yanira rezaba, aunque los dos por diferentes  motivo. Las manos de Yanira comenzaron a tirar de su pañuelo color rosa, estaba nerviosa. La señal se había dado, los caballos comenzaron su galope el contacto fue brutal, Lancaster cayó al suelo, D. Pedro lanzó un suspiro de alivio, Yanira dio gracias a Dios, Michelle y Nory se miraron, “ya ha pasado uno” se dijeron.

Michelle lanzó un grito, el escudo de Robert apareció en uno de los extremos de la vaya, iba ha competir  contra un veterano, el caballo de Robert arañaba el suelo con su pata, el animal tenía ganas de salir a la arena, la bandera dio la señal caballo y caballero, comenzaron su galope, Robert bajo la lanza con el tiempo justo,  golpeo a su contrincante que cayó al suelo pero este logró alcanzar también al caballero de Michelle, se tambaleaba encima del caballo, Michelle ahogó un grito en su garganta, a simple vista no parecía nada grave.
--Padre estoy algo sofocada por el calor, con tu permiso me retiro, volveré enseguida—dijo Michelle
 

Michelle corrió hacia la tienda donde se encontraba Robert, lo habían echado sobre su camastro, sus ojos estaban cerrados, el médico trataba de limpiar la herida, al ver entrar a Michelle, el Doctor le contó que no había sido una herida importante pero que lo mantendría en cama unos días, podría tener una hemorragia por lo que sería recomendable que guardara reposo.
El médico y todo el personal se retiraron de la tienda, solo quedaron MIchelle y Robert éste último permanecía con los ojos cerrados, Michelle con su pañuelo comenzó a secarle el sudor de la frente, él abrió los ojos…
--oh! He muerto y estoy en el cielo, veo un ángel—dijo Robert
--no hables amor, dice el médico que tienes que descansar.
Robert hizo en ademan de levantase pero un dolor agudo lo volvió otra vez a la cama.
--¿lo ves? no estas bien, descansa
--solo me quedaré aquí si tu me cuidas amor.
Robert había cogido la mano de ella, sus ojos se habían cerrado, la poción de hierbas  que el licenciado le había dado comenzaba a causar efecto.

El torneo seguía su camino, el número de participantes se iba reduciendo, la gente disfrutaba, gritaba y animaba a los participantes, algunos comenzaron a gritar cuando vieron a búho aparecer en una de las esquinas de la vaya, Antonio era el siguiente, como contrincante tendría a una de la más prestigiosa familia de la corte del Rey Arturo, Sir Segismundo de Caláis, su insignia era una mano blandiendo una maza, gran guerrero siempre fue fiel a la corona.
Sin mas preámbulos la bandera dio la señal, los caballos se lanzaron al galope, Antonio se cubrió con su escudo y puso su lanza en dirección a Segismundo, este sintió el duro impacto y cayo al suelo, la gente gritó jaleando el nombre de Antonio.
Nory sintió un profundo alivio.

Habían pasado varias horas ya solo quedaban dos caballeros en liza, los rayos del atardecer con su color anaranjado avisaban de la poca luz que quedaba, los dos caballos conocían sus sitios, lentamente se colocaron para recibir la salida, a un lado Diego al otro Antonio, el soldado giró la cabeza para comprobar la buena posición de ambos, levantó el brazo y lo mantuvo en alto unos segundos, a Yanira y a Nory les parecieron horas.
--¿no podrían quedar los dos como ganadores Padre?—comento Yanira
--¿y si partieran el trofeo por la mitad?—comento Nory
D. Pedro las miró y meneó la cabeza en señal de negación.
Por fin el soldado bajó el brazo, el ruido de los cascos de los caballos retumbaba en el suelo, la distancia entre ellos se acortaba,  las lanzas apuntaban directas al impacto, el ruido sonó seco, duro, ninguno de los dos cayo del caballo, tenían que volver otra vez, solo uno tenía quedar encima del caballo, nuevamente volvieron al galope, las lanzas hicieron blanco, Antonio pareció tambalearse pero se repuso firmen en su montura, el soldado hacia señal para que volvieran otra vez, la escena desde el palco se vivía con angustia, Yanira y Nory se habían cogido de la mano,  no terminaban de comprender bien porque solo tenia que quedar uno.
De repente Diego levanto su lanza y la dejó caer el suelo, hizo lo mismo con su escudo y puso pie a tierra,  de esta forma daba como campeón a Antonio, la gente corrió a rodear a Antonio, unos gritaban ¡campeón! Otros mencionaban su nombre a gritos, Antonio sin perder de vista a su contrincante fue hacia él, bajo de su caballo y le devolvió sus armas cogiéndolas del suelo.
--ha sido un buen combate Diego.
--ha sido un buen combate Antonio.
La muchedumbre los levanto en hombros y los llevó hasta la tribuna, allí esperaba D. Pedro para premiar al ganador, en este caso a los ganadores.

El sol se apagaba lentamente por detrás de las montañas, todo parecía en calma, algunos murmullos apagados de fiesta venían del pueblo, lentamente caía la noche con su oscuro manto, …

Había pasado tiempo desde el día del torneo, Robert y Michelle se habían casado y continuaron viviendo en el castillo, Antonio y Nory se fueron a vivir lejos de allí, las últimas noticias que se tenían de ellos eran que habían sido padres y vivían rodeados de felicidad, de Diego y Yanira llegaban noticias de muy lejos, estaban viviendo en España, en la cornisa Cantábrica, los dos compartían el gusto por la naturaleza, Diego había pasado de ser un caballero a ser un hombre de campo y Yanira de ser una bellísima dama a ser una bellísima esposa y madre de tres hermosos niños.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Fin



Reyes
La noche era fría, el bullicio de la chiquillería era ensordecedor, la calle principal estaba iluminada, todo el mundo esperaba el paso de la cabalgata de los Reyes Magos, los más pequeños eran ayudados por sus padres, muchos llevaban horas para coger un buen sitio desde donde poder ver pasar a sus Majestades, los organizadores subían y bajaban para que todo el mundo guardara sus sitios y todo se desarrollara sin ningún problema, allí agarrado a una señal de tráfico y como cada año estaba Raulito, era un niño de la calle, sus ojos despiertos vigilaban el principio de la calle por donde debería de aparecer las primeras cabalgatas inicio y anunciación de los Tres Reyes, sus ojillos brillaban de alegría, sus manos frías sujetaban la barra de hierro de la señal, nadie podría arrancarlo, vestía un pantalón de pana gastado por las piedras de la calle y el tiempo, sus zapatillas deportivas habían conocido mejores tiempos, al igual que su chaquetón de paño, herencia segura de algún hermano mayor, ó de la caridad de algún vecino, su pelo negro y revuelto pedía a gritos un peine, Raulito tendría unos 9 años, pero conocía todos los rincones de la calle, y a esa corta edad ya nada le sorprendía, pero como cada año el quería ver a sus Majestades, --este año he sido bueno—pensaba—este año seguro que me traen un regalo seguro.—
Era tanta la ilusión que tenia que no podía apartar sus ojillos de la calle.
El bullicio era enorme, todos quería ver a los Reyes, el coche de la policía abría el desfile, justo detrás de ellos,  sus compañeros a caballo hacían un desfile elegante, los caballos eran una de las debilidades de los niños, ellos los miraban con la boca abierta, eran preciosos, sus cascos golpeaban el pavimento, sus melenas recién peinadas relucían con las luces de la calle,
--mira, mira mamá yo quiero uno!
--si hijo, pídeselo a los Reyes
Esos días todo se lo pedía a sus Majestades, detrás de ellos las primeras cabalgatas, payasos, fonanbulistas, una orquesta, otra, pero Raulito se sabía todo eso de memoria el solo suspiraba por sus Majestades, el solo quería una cosa, la misma petición de todos los años, siempre les pedía lo mismo, acudía todos los años a la cabalgata y siempre hacía la misma petición, en lo mas hondo de su corazón sabia que algún año los Reyes se lo concederían.
De repente Raulito estiró su cuello, sus ojo brillaron mas aun, trago saliva, su respiración aceleró, ¡hay estaban¡ podía ver la enorme carroza con el trono del primer Rey. a continuación la otra carroza y luego la otra, ¡por fin¡, lentamente se acercaban a donde el esta, los pajes tiraban caramelos a los niños, algunos gritaban ehh! Rey Melchor traerme unos patines, ¡Rey Baltasar una bicicleta¡ Raulito podía oír las peticiones de los niños, el también quería hacer la suya. pero esperaba tenerlos bien cerca, deseaba que lo pudieran oír muy bien, tal vez otros años, no había gritado lo suficiente y ¡claro¡ por eso no se lo trajeron, las carrozas seguían su paso triunfal, ya casi las tenia a su altura, miró fijamente al primer Rey y le grito con todas sus fuerzas, ¡eehhhhh Rey quiero unos padres¡ ¡por favor traerme unos padres¡ una sonrisa se dibujo en su carita, le habían escuchado, seguro, este año el tendría unos padres, los Reyes le habían oído.
No espero a que terminara la cabalgata, corrió hacia su pequeño portal donde él vivía sabía que allí, estarían sus padres, los Reyes se los habrían triado.

Raúl


raulcar@teleline.es

 
 



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